CLOSE-UP nº 4 : Rafael Argullol | Cast

CLOSEUP n4 CASTENTREVISTA CLOSE-UP

Hemos quedado en un lugar céntrico de Barcelona. Cruzo la arteria de asfalto salpicada de vehículos motorizados y saludo al escritor Rafael Argullol. Después de unos minutos de amable charla, Argullol me propone un mirador encarado a los cuatro vientos, donde podemos hacer las fotografías. Acepto encantado. La ciudad Condal parece estar de nuestra parte porque las nubes se disipan y aparece un sol radiante.

Ll.B.: ¿Qué preparas? Seguro que hay algo…

R.A.: Sí. Estoy preparando un libro que va a salir en muy pocos meses, que es un libro que se llama “La pasión del dios que quiso ser hombre”.  Y es una reinterpretación de la historia de Cristo como si fuera un héroe trágico griego. Luego, para más adelante, tengo un escrito que es un relato que toma como referencia Gaudí, pero es sobre la creación artística. Y bueno, he hecho el texto de una ópera que se tiene que estrenar en el Liceo en el año dieciséis (2016).

Ll.B.: Muy bien. También creo que fuiste uno de los comensales de “El Somni” (Una òpera en dotze plats, un banquet en dotze actes), dirigida por Franc Aleu.

R.A.: Sí, pero allí me limité a ser el comensal.

Ll.B.: ¡Ha-ha! (…) ¿Pero estaba bueno?

R.A.: ¡Estaba muy bueno!

Ll.B.: Ah, perfecto. Mirando un poco tu recorrido literario, quisiera que me hablases de los inicios. De la biblioteca de tu abuelo: un lugar muy especial. Y también, háblame de las primeras referencias sobre la mujer, cuando descubriste su representación a través de algunas obras de arte universales.

R.A.: Bueno, esto lo describí en un libro que se llama “Una educación sensorial“, en el que describo las dos cosas. Una, la importancia que tuvo para mi la biblioteca de mi abuelo, un militar ilustrado, que tenía una muy buena biblioteca. Y luego, como en esa biblioteca, que era una especie de Sancta Sanctórum, cerrado y así. Pero en los muchos ratos buenos que pasé en esa biblioteca, pues tuve acceso a una historia del arte, maravillosa, de Josep Pijoan, en la que, aparte de muchas otras cosas, me eduqué en el desnudo femenino porque yo pertenecía a un universo muy masculino. No había hermanas, no había amigas de las hermanas… Con lo cual, allí descubrí la anatomía femenina, en las obras de arte, de la “Historia del Arte” de Pijoan, de la biblioteca de mi abuelo.

Ll.B.: Tengo alguna referencia tuya sobre la forma de enfrentarte al lienzo en blanco de la hoja de papel, donde establecías una analogía con un bloque de mármol de Carrara, en el que el escultor debe acertar para no echar a perder la piedra. ¿Sigue pasando esto?

R.A.: Yo escribo a mano. Debo ser los pocos escritores que van a dejar manuscritos. Incluso mi libro, hasta ahora principal, “Visión desde el fondo del mar“, lo escribí a mano y eran mil quinientas páginas. Entonces, claro, me enfrento cada vez a la hoja en blanco, y hay un instante como sagrado: segundos antes de enfrentarte a esa hoja en blanco. Y en alguna ocasión eso lo he comparado con los escultores ante el mármol de Carrara. Bueno, ellos saben que no pueden equivocarse demasiado en el momento de liberar la estatua que hay dentro del bloque. Pues algo parecido me pasa a mi con la página en blanco.

Ll.B. Claro. Ahora, quisiera que me hablases del viaje. Cuando viajamos, por lo general, es necesario irnos fuera, para encontrarnos con nosotros mismos, aunque sea unos pocos pasos más allá. ¿El viaje sirve para potenciar el viaje interior y exterior, cambiar la posición de nuestro centro, el punto de referencia…?

R.A.: Sí, yo desde muy jovencito, fui muy apasionado de los viajes. He viajado mucho, físicamente pero, lo que verdaderamente creo que es muy importante de la experiencia del viaje, es que te proporciona la posibilidad de situarte en otro mirador desde el cual tú te miras a ti mismo de otra manera. Entonces, cuando hay auténtica experiencia del viaje, tú, estás continuamente descentrando tu centro vital. Estás mirando de otra manera. Te conoces de otra manera. Ves tu identidad de otra manera. Y en ese sentido te facilita una multiplicidad de tu existencia, que si te quedas encerrado en tu pequeño espacio es difícil que llegues a tener. Lo cual no quiere decir que el viaje tenga que ser espectacular desde el punto de vista físico. Yo creo que la experiencia del viaje se puede tener tanto yendo a Patagonia como quedándote inmóvil pero verdaderamente descentrándote, buscando otro mirador… Así pues, la auténtica experiencia del viaje, no la del viaje organizado de masas que ahora tanto se da, es siempre viaje interior. Hay una continuidad entre viaje interior y viaje exterior o viceversa.

Ll.B.: Es sorprendente, es mi opinión, que tu último libro, “Visión desde el fondo del mar“, la conjugación del presente se encuentra en todas las páginas y no sé si existe una organización temporal; porque pueden sucederse anécdotas o experiencias de un primer periodo tuyo, que luego enlazas con otras… ¿Cómo surgió esta idea?

R.A.: Este libro, es un libro, que surge a raíz de la muerte de mi padre. Yo tuve una sensación vaga de hacer un ajuste de cuentas. Quizá no tanto con mi vida, sino con el mundo que había vivido y con el mundo que estaba viviendo. Y a partir de aquí, me lancé a una aventura, que la verdad es que fue muy difícil, porque estuve siete años.

Ll.B.: Si.

R.A.: Y en esos siete años me di cuenta que, aspectos fundamentales como eran la memoria, no se podían tratar de manera lineal, sino que había que aplicar algo parecido a lo que los físicos llaman teoría de la relatividad. En el caso del intercambio entre espacio y tiempo. Y lo que también llaman teoría cuántica, en el sentido de que la memoria no actúa a través de una constante lineal, sino que actúa con discontinuidades, con chorros, con avances y retrocesos. Entonces, en mi libro creo que se refleja continuamente ese intercambio entre espacio y tiempo. Tanto los saltos en el espacio como en el tiempo. En este sentido es la base de toda la organización. Por otro lado, a medida que estaba escribiendo el libro, como yo no quería hacer algo nostálgico, creo que fue un gran acierto emplear continuamente la conjugación del presente. Porque eso quería decir que era presente nuestros días, pero era presente cuando estaba en el vientre de mi madre y era presente cuando retrocedía (como hago en el primer capítulo), casi veinte mil años en la vida del hombre, desde un punto de vista del genoma. Y también es en presente. La utilización del presente no solo evitaba cualquier tentación nostálgica sino que, yo creo que ofrece al lector una especie de tensión continua y presentación continua de algo actual, aunque haya ocurrido hace mucho tiempo.

Ll.B.: En uno de los capítulos, titulado “Mascarade”, que está hacia el final, interpretas muchos papeles.

R.A.: Bueno, en este libro, yo había estado hablando de muchas cosas. No había hablado de mi faceta de profesor en la universidad, en conferencias y así… Entonces me di cuenta de que quería hablar de eso pero no quería hablar de una manera que no fuera como he sido yo, o como soy yo. Siempre he dicho que “hacía de profesor, no era profesor”. Entonces, ya en esta frase, está claro el hecho que en el profesor, hay, al menos como yo lo entiendo, un cierto papel de médium, de intermediario entre los que oyen y los distintos personajes de los cuales tú estás hablando. Entonces organicé una especie de mascarada, de baile de disfraces, en el cual hice ir desfilando, no tanto los escritores, artistas, filósofos, a los que yo me he referido a lo largo de estos años, sino los personajes de los libros. Y por eso quien desfila en la mascarada es el capitán Ahab, es Hamlet, es Medea, es Edipo…

Ll.B.: Los personajes.

R.A.: No tanto los autores como los personajes. Yo creo que eso daba bastante una idea de lo que yo entiendo como la representación que en buena manera es la cultura.

Ll.B.: Pasando ahora a temas de mayor actualidad, en alguna ocasión has comentado que tu escritura va del silencio al ruido. Pocos autores son capaces de hacerlo, teniendo conciencia de ello. A lo mejor un autor hace poesía y luego de repente escribe artículos o una novela. No sé hasta que punto tienen la capacidad de ser conscientes de esa actividad…

R.A.: Bueno, esto está muy vinculado a mi talante. A mi forma de ser, es decir, yo por un lado tengo un ángulo como muy silencioso, incluso diría, no diría introvertido, porque introvertido no soy, pero muy de búsqueda de una soledad voluntaria. Y por otro lado, he sido, entre comillas, “un hombre de acción”. Es decir, me he movido mucho, he viajado mucho, cuando empecé a estudiar, en realidad quería ser cirujano, es decir, me han interesado mucho muchas facetas de distintos campos: me interesa mucho la ciencia, la astronomía… Por un lado soy un hombre muy contemplativo pero por otro lado soy un hombre muy de acción. Entonces, claro, en el momento de trasladar eso a la escritura, ha surgido el hecho de que a mi me ha interesado, de alguna manera, contrastarme con todo el esprecto de la escritura. El contemplativo se mueve muy bien en lo poético, en aquello que roza el silencio, pero eso, en mi caso no ha evitado que durante años haya dado mi opinión, sobre todo lo que ocurría en el mundo, haya intervenido en las cosas… Y eso es lo que yo llamo estar en medio del ruido. Tengo una parte de mi alma que ya le está bien estar en medio del ruido y otra parte de mi alma que le va muy bien ser contemplativa. Eso también me pasa en el sentido de que me considero alguien al que lo espiritual le interesa mucho, aunque no soy un hombre religioso, y alguien al que lo sensorial y lo sensual le interesan mucho. Y no lo veo como dos facetas separadas sino como una cierta continuidad.

Ll.B.: Me gustaría que me explicaras la visión del microcosmos y del macrocosmos. Y cómo, no sé, tampoco tengo la certeza, la visión del microcosmos respondería un poco a la faceta del cirujano de tus inicios, o el deseo de entrar en el detalle para descubrir otros puntos de vista.

R.A.: En realidad cuando a mi me preguntan sobre la escritura, las dos figuras metafóricas que me vienen a la cabeza, son: por un lado el cirujano y por otro lado, el topógrafo. El cirujano porque trata con los pequeños espacios interiores de la carne, el topógrafo porque traza los grandes espacios. O si se quiere, el cirujano y el astrónomo, que aún traza con mayores espacios. Y eso también forma parte de cómo es mi cerebro. Mi cerebro le va bien hacer una especie de gimnasia entre el microscopio y el telescopio. Hay un momento que entro mucho en el interior, pero cuando el interior es demasiado denso, y casi rozando lo obsceno, giro la lente, convierto el microscopio en telescopio y entonces me voy hacia lo universal, hacia lo externo. Pero cuando ya eso roza lo abstracto, giro la lente de nuevo y de nuevo me voy hacia el interior. En realidad, si tengo que responder cuál es la metodología de mis libros, y en particular de “Visión desde el fondo del mar”, es ésta: la continua utilización de una doble lente hacia el exterior y el interior.

Ll.B.: Muy interesante. ¿Es cierto que trabajas con ideas y con imágenes?, ¿de qué modo?

R.A.: Siempre trabajo simultáneamente con ideas y con imágenes. Tengo una gran tendencia a traducir las ideas en imágenes y traducir las imágenes en ideas. Soy muy monista, donde lo espiritual y lo corporal lo veo como dos partes de lo mismo. Dos vertientes de lo mismo. Y en este sentido la idea siempre se traduce en imágenes, en sensaciones, en narraciones, en historias… Y al revés; las sensaciones acaban convirtiéndose en conceptos y en ideas.

Ll.B.: Te he pedido, ahora pasaremos a la parte más personal, aunque la escritura es un espacio muy personal, que trajeras contigo un objeto que te gustara o al que le tuvieras cierta estima. ¿Qué has elegido?

R.A. He elegido un pisapapeles muy raro que compré en una tienda también muy rara de Boston hace muchos años. Una tienda que se puede calificar mitad de antigüedades, mitad trapero…

Ll.B.: ¡Ha-ha!

R.A.: Y entonces compré un pisapapeles en el que estaban representadas, aunque es pequeño, varias escenas salidas de los cuentos de Edgar Allan Poe. Y como antes te he dicho, yo escribo a mano los manuscritos, pues aún me va bien tener un pisapapeles que va aguantando…

Ll.B.: ¡Fantástico!

R.A.: Si, si, sí… Es muy peculiar -comenta Argullol mientras sopesa el objeto, aparentemente liviano, y lo hace, es verdad, con un viso de hallazgo y tesoro en la mirada que consigue transmitir sin esfuerzo. El sol acaba de asomar de entre las nubes. Cambiamos nuestra posición para esquivar los rayos y seguir con la charla.

Ll.B.: Y nada más… Así pues utilizas el pisapapeles para que desempeñe su función primordial. Es maravilloso… Un utensilio que casi nadie utiliza.

R.A.: Sí; lo utilizo y me gusta mucho. Un pisapapeles circular en el que están representados, ya te digo, varias cosas de Edgar Allan Poe… Y además se lee la frase Never more, “nunca jamás”, que procede el “El cuervo”. Es como un lema que me interesa mucho: “Nunca jamás”, Never more…

Ll.B.: Ha-ha… Hemos pasado un poco rápido, al principio de la entrevista, sobre lo que estabas preparando. Y si quieres, bueno, comentar algún aspecto…

R.A.: Bueno, lo más inmediato es este relato que se llama “La pasión del dios que quiso ser hombre”.  Un relato que aunque sea muy breve, llevo muchos años meditándolo, escribiéndolo, reescribiéndolo… Y es una reescritura radical de la historia de Cristo como si fuera un héroe trágico griego, que supongo que despertará alguna controversia cuando salga.

Ll.B.: ¿Y está basado en hechos puntuales, o sea, en la historia?

R.A..: Sí, el material bruto sale de los Evangelios pero la concepción es completamente personal. Y luego también preparo un relato alrededor de la figura de Gaudí, un relato de ficción, en el que se reflexiona fundamentalmente sobre la soledad del creador durante su propia creación y ante la recepción de la sociedad que lo recibe.

Ll.B.: La relación con las artes escénicas: el teatro, la ópera… es otro capítulo importante en tu obra. Ya viene de lejos, cuando hiciste un texto para La Fura dels Baus. ¿Cómo surgen los encargos por lo general?

R.A.: Ahora estoy preparando el texto, una ópera para el compositor Benet Casablancas, para el Liceo. Una historia completamente nueva. Se llama “El enigma de Lea”. Ocurre que no puedo revelar el argumento. Un argumento que yo creo que será impactante. Y en el pasado he colaborado varias veces con La Fura dels Baus. Hicimos una flauta mágica de Mozart. También colaboré en un proyecto muy bonito, que duró un tiempo, que era un barco-teatro, que se llamaba Naumon, que iba por los puertos de todo el mundo, los textos que se leían y se representaban eran míos. Y también hice una colaboración, una vez, en el Oedipus Rex, la ópera-oratorio de Stravinski y Jean Cocteau, con varios colaboradores, como Frederic Amat, como Cesc Gelabert, como Toni Miró, como Josep Pons, el actual director de la Orquesta del Liceo. Sí, a mi me gusta hacer colaboraciones fuera de la escritura.

Ll.B.: Perfecto. Si te parece, lo dejamos aquí. ¿Lo ves bien?

R.A.: Estupendo.

Nos despedimos. Me quedo con la frase en relieve del pisapapeles bostoniano de Argullol levitando en mi conciencia y me pregunto porqué le gusta tanto al escritor barcelonés. Y me quedo también, por supuesto, con la felicidad de ver un sueño cumplido: conversar un rato con uno de los pocos escritores que aún quedan. Escritor en el sentido clásico y moderno, un hombre que toca todas las teclas: desde la escritura transversal y el nomadismo intelectual de la experiencia, el mundo de las sensaciones, alquien capaz de caminar sin titubeos por la senda de lo espiritual y el torbellino corpóreo, con el microscopio y el telescopio siempre a punto. ¡Me quito el sombrero!

Texto y fotografias: Lluís Bussé © 2014
Twitter: @lluisbusse
E-mail: lluisbusse (at) gmail.com