CLOSE-UP nº 3 : Victoria Cirlot | Cast

CLOSEUP n3 CAST

ENTREVISTA CLOSE-UP

La enseñanza es una de las pasiones de Victoria Cirlot, vocación que lleva cultivando con gran éxito a lo largo de su meteórica carrera. Sus alumnos y alumnas la adoran. Pero ella, además de ser una excelente profesora, brilla con luz propia igual que una estrella en la bóveda celeste, o bien, muta en forma de palpitante nebulosa, reflejando así la etérea luz del conocimiento arcano que llega hasta nosotros. En ocasiones, la imagino descalza por senderos de manuscritos, abriéndose paso entre volúmenes livianos, con el eco dulce de las imágenes iluminadas por autores anónimos, quizá en la catedral del tiempo, donde nada sucede, salvo la respiración que nos recuerda que seguimos vivos. La veo junto a maravillas inimaginables, hasta que escoge alguna y consigue trasladar desde la noche del medievo el testigo de la sabiduría que muy pocos mortales conocen. Es un verdadero lujo que la invitada de hoy me honre con su presencia.

Ll.B.: Estás preparando un nuevo libro, ¿de qué trata?

V.C.: Es un libro sobre el Grial. He estado toda mi vida explicándolo en clase. Pero ha sido hace dos años que decidí hacer un libro, que en realidad para mí es un libro de estudio. Yo notaba que me faltaba saber muchas cosas. Y de algún modo, al pensar de hacer un libro y no tanto la clase para el día siguiente, eso me ha permitido profundizar mucho en todo el material que existe en torno al Grial. Fundamentalmente son textos, pero también imágenes. La historia del Grial, en la Edad Media, se escribe en manuscritos, que son ilustrados. Esa aproximación al manuscrito para mí ha sido muy interesante; entre otras cosas,  me ha permitido entrar en contacto con las miniaturas que lo ilustraron. El libro se ocupa de la época de la construcción del mito del Grial en Europa,  entre 1180 y 1230. Son cincuenta años de escritura febril. Es realmente apasionante ver, como una obra literaria, El cuento del Grial de Chrétien de Troyes, pudo desencadenar tal efervescencia de escritura. Realmente el Grial es un fenómeno de escritura.

Ll.B.: Si…

V.C.: La lanza de cuya punta de hierro blanco sale una gota de sangre que va resbalando por el asta hasta la mano del doncel que la lleva, no deja de ser una imagen que podemos relacionar con la escritura misma. Es como la pluma. La pluma de la que sale la tinta que cubre la página de pergamino. Es  una imagen, que me parece muy semejante a la caña de pescar que Virginia Woolf dejó en la orilla del río antes de suicidarse.

Ll.B.: (…sumergiendo el cuerpo en el río, con los bolsillos llenos de piedras, para no salir a flote…)

V.C.: Un signo de “Aquí dejo la escritura”. Esa caña funcionaba como la pluma, como la lanza sangrante, que además de ser la lanza que atraviesa el costado de Cristo en la poética del Grial, además de eso, también es un objeto que se puede relacionar analógicamente con la pluma y la tinta. De hecho, el pergamino, en la Edad Media, tiene un carácter corpóreo, muy importante. Hasta tal punto que hay imágenes de Cristo en que su cuerpo es un pergamino. La sangre de Cristo va resbalando por el pergamino, de modo que casi se confunde sangre y tinta. Del mito del Grial, yo pensaba que lo que más me iba a interesar era justamente el aspecto del mito. Y en realidad lo que más me ha interesado es la escritura. La efervescencia de la escritura y como los autores, que siguieron a Chrétien de Troyes, dialogaron con él. Lo citan constantemente y eso en una cultura como la del manuscrito que no se interesa por la autoría.

Ll.B.: Dudosa…

V.C.: El manuscrito no reserva un lugar al nombre del autor. El nombre del autor sale por ahí: en el prólogo, en el epílogo, en medio de la obra… Y sin embargo, todos los autores que trataron el Grial, casi todos, implícita o explícitamente, se refieren a Chrétien de Troyes. Es apasionante ver cómo un autor escribe una obra que es un enigma y como los demás tratan de ofrecer respuestas, interpretar. Y trabajan sobre eso buscando las formas de comprender el legado de Chrétien de Troyes. Eso me ha parecido realmente maravilloso.

Ll.B.: Háblame un poco de la interpretación de autores posteriores a Chrétien de Troyes, como Wolfram von Eschenbach.

V.C.: Wolfram de Eschenbach escribe su Parzival, y en el epílogo cita a Chrétien de Troyes. Su obra sigue argumentalmente a la de Chrétien, pero la acaba y añade muchas cosas. Busca aclarar el enigma, deshacer la ambigüedad de Chrétien y para ello argumenta sus interpretaciones introduciendo el discurso científico de la época (astrología, lapidarios, herbarios). Lo que es interesantísimo en la obra de Wolfram es cómo se abre al mundo islámico y lo hace mostrando una gran fascinación. Una de las escenas más célebres de la obra es cuando aparece Kundry al final citando los nombres de los siete planetas en árabe. No olvidemos que Wolfram escribe en  la época de la Cuarta Cruzada.

Ll.B.: Si…

V.C.: Imagínate: ¡en plena contienda entre cristianos y los que ellos llamaban ‘paganos’! Wolfram sitúa el origen de la leyenda en Toledo. Es decir, en la encrucijada de culturas judía, árabe y cristiana. De todas maneras, la idea del diálogo de las tres religiones ya aparece en la obra de Abelardo, y luego eso será retomado por Ramón Llull. Con todo, Wolfram tiene su modo peculiar de presentar las tres culturas, las tres religiones. Yo diría que la obra de Wolfram es muy moderna, también en lo que respecta al tema del amor, pues mientras en la poética del grial el héroe se presenta como un asceta, virgen y casto, Parzival es un caballero casado y la conquista del grial pasa por la conquista de la mujer.

Ll.B.: Claro.

V.C.: En realidad, cada una de las obras que forman la poética del grial asume posiciones diferentes con respecto a muchos asuntos entre los que destaca las cruzadas. Creo que no es posible desligar la imaginación sobre el grial del fenómeno histórico de las cruzadas. Pero cada autor se posiciona de forma distinta . Te acabo de contar de Wolfram.  Pero, por ejemplo, el autor anónimo de Perlesvaus  escribe una obra claramente violenta y toda ella animada por el espíritu de las cruzadas. Lo más asombroso de todo es pensar que el Grial sale como una respuesta ante la pérdida  de Jerusalén. Jerusalén se perdió definitivamente en 1187.  El cuento de el Grial de Chrétien es antes (1181). Pero ya se sabía que se iba a perder Jerusalén.

Ll.B.: Claro.

V.C.: Es la idea de la pérdida como algo extraordinariamente productiva.  Peter Sloterdijk, hace poco, decía: “Del derrumbe, de la destrucción de la polis, sale la filosofía griega”. Esa dialéctica me parece también interesantísima. Lo que puede generar la pérdida. Yo creo que, frente al Santo Sepulcro y su conquista está el Grial. Una búsqueda imaginaria y no la conquista fetichista del objeto.

Ll.B.: No es lo material, es lo imaginario.

V.C.: Exacto. La poética del Grial parece decir: “Dejémonos de cruzadas, que total,  ¡qué más nos da! Y busquemos el Grial”.

Ll.B.: Hay una frase relacionada con la búsqueda, la “Queste” (La queste del Saint Graal), la búsqueda, que viene a decir: “Ver es conocer”.

V.C.: En la Edad Media, sí, y sobre todo en el Gótico. Hay un libro excelente de un historiador del arte francés, Roland Recht, publicado en 1999, que se llama “Le croire et le voir : introduction à l’art des cathédrales (XIIe-XVe siècles)”. Recht plantea que el gótico, frente a toda la tradición anterior (Otto von Simson, Panofsky, Duby, etcétera)  no es tanto la encarnación de  teología de la luz, como la absoluta exigencia de visibilidad. Desde su punto de vista, la catedral gótica no es sino un soporte para ver.

Ll.B.: Claro.

V.C.: Es una idea que me parece excelente. Y dentro del mito del Grial puede comprobarse la importancia de la visión. En sus primeros planteamientos la historia del Grial se presenta al principio como un mito donde lo fundamental es la pregunta. Y ahí Lévi-Strauss, con su conocimiento estructuralista de mitología, nos dice: “Hay dos tipos de mitos: aquel en donde el héroe tiene que responder. O sea, Edipo. Y aquel donde el héroe tiene que preguntar. O sea: Perceval”. Lévi-Strauss habla de los mitos edípicos y  mitos percevalianos. El castillo del Grial, frente a la Esfinge, es una respuesta. Pero para que responda tienes que preguntar. Frente a la Esfinge que es una pregunta y el héroe tiene que responder. El mito del Grial plantea la vida desde la vía interrogativa. Fíjate, que al fin y a al cabo, esto está de acuerdo con la escolástica y la idea del modo de conocimiento a través de la pregunta, la quaestio. Todo esto es lo que se especula en torno a la leyenda del Grial, al menos en una primera etapa. Perceval debería de haber preguntado por qué sangra la lanza y a quién se sirve con el grial, puesto que ambos objetos le dejan maravillado. Chrétien de Troyes está pensando la vida desde una postura filosófica.

Ll.B.: No pregunta, al principio.

V.C.: En efecto, Perceval no pregunta. Y ese es su fracaso, su silencio. Los autores que siguieron a Chrétien, dieron vueltas y más vueltas a ese asunto, hasta que de pronto, la pregunta se elimina de la historia. Ante el grial no hay que preguntar, hay que ver. Roland Recht destaco que el momento fundamental de visibilidad en la catedral gótica es cuando se alza la hostia en la consagración de la misa. El obispo de París, a principios del XIII, recogió la exigencia del pueblo de ver la hostia consagrada. En la Catedral de Barcelona, el lugar de elevación de la hostia coincide con la clave de bóveda que representa la crucifixión.  Lo que hay que ver no es la hostia, sino el cuerpo de Cristo y eso es lo que sucede en una de las obras que concluyen con la efervescencia creadora en torno al grial. Me refiero a la obra en prosa, La Queste del saint Graal, fechada hacia 1230.

Ll.B.: Claro.

V.C.: Una de las escenas finales de la Queste tiene lugar en el castillo de Corbenic, el nombre que se da en esta obra al castillo del Grial. Allí están reunidos los caballeros elegidos, Galaad, Perceval y Boores que asisten a la aparición del obispo Josefés y al rito eucarístico. Ellos vieron cómo del cáliz salía una figura de un niño con la cara enrojecida y también cómo ese niño de pronto se transforma en un hombre que muestra las heridas para seguidamente dar la comunión. Esa es la experiencia visionaria, que sólo podrán tener los elegidos, la caballería celeste. Pero ésta no es todavía la visión abierta. Esa sucede en el palacio espiritual de Sarraz y es Galaad sólo quien la contempla. Es esa una visión sin imágenes, imposible de describir y de representar.

Ll.B.: Te quería preguntar acerca de una de tus autoras preferidas…

V.C.: Hildergard.

Ll.B.: Sí.

V.C.: A mi me ha enseñado mucho Hildergard von Bingen.

Ll.B.: Háblame de ella, cuando cambia la voz y lo hace en primera persona: “Yo vi. Yo oí…” Un poco su experiencia visionaria: el ojo interior.

V.C.: Es la apertura del ojo interior, del ojo del corazón, del ojo de la mente. No se ve con el ojo físico, pero se ve con eso, lo que los medievales llamaban “los sentidos espirituales”. Para mi Hildegard ha sido realmente la gran maestra.

Ll.B.: Fue rompedora en su época.

V.C.: Desde que me encontré con Hildegard en 1997 y empecé a trabajar sobre ella, nunca me ha abandonado. Siempre ha estado ahí, hasta ahora. El mundo visionario del mito del Grial lo he entendido a partir de Hildergard von Bingen. Y ha sido la dificultad de entender a Hildegard en el tan lejano siglo XII lo que me llevó a establecer comparaciones entre la Edad Media y el siglo XX.

Ll.B.: Luego haces un salto y enlazas con el surrealismo, ¿no?

V.C.: Sí, porque de pronto me encontré con el libro de Max Ernst, “Escrituras”. Y me sorprendió mucho: ” ¡Esto es lo que dice Hildegard!” Claro, cada cual lo dice a su manera, de acuerdo con su propia época. Pero fue a raíz de eso que me dediqué a los estudios comparativos de Edad Media y siglo XX, que para mí han sido fundamentales. Porque  creo que mutuamente se iluminan. Me refiero a que al lado de Hildegard, Ernst cobra una sacralidad que podría pasar desapercibida, y al lado de Ernst, la absoluta alteridad de Hildegard se deshace en parte.

Ll.B.: El surrealismo se ha banalizado mucho…

V.C.: Sí. En Escrituras Ernst relata con todo detalle sus experiencias visionarias, fechándolas con precisión, aquellas que estuvieron en el origen del descubrimiento de las dos técnicas más significativas de su arte: el collage y el frottage.

Ll.B.: Sí.

V.C.: Dos técnicas tan importantes como el collage y el frottage en el siglo XX, nacen de dos experiencias visionarias. Las facultades de Ernst se despiertan por la combinación de materiales diversos, por la textura erosionada de un parquet. Pero esto no es nuevo. Estamos ante la famosa lección de Leonardo: mirando un muro puedes ver maravillas,  si lo miras atentamente y te esperas.

Ll.B.: Distinguimos quizás entre artistas más visionarios, que trabajan en la experiencia más mística, y otros que son más materiales, en el sentido que a través de la técnica descubren.

V.C.: Podríamos hablar de los artistas imaginativos y los miméticos.

Ll.B.: Sí.

V.C.: Los que reproducen lo que están viendo en el exterior, frente al artista del mundo interior.

Ll.B.: Hay como dos caminos.

V.C.: Sí, claramente. Serían los dos extremos. Luego hay muchas gamas, por supuesto. Pero en principio, yo creo que son los grandes polos de la creación.

Ll.B.: Exacto.

V.C.: Aunque en un estado puro el segundo no sería creación: la mímesis y la reproducción… Una obra puede parecer reproductora de la realidad exterior, pero también descubres que hay todo un mundo interior.

Ll.B.: Bueno, es lo que suele decirse de Picasso: un artista con mucha técnica pero aparte posee un genio natural que le permite ir evolucionando a una marcha vertiginosa. Imparable.

V.C.: Sí. Además hay algo que es verdad: yo creo que hay quien ve más y quien ve menos.

Ll.B.: Claro.

V.C.: Yo creo que eso es absolutamente cierto. Hay gente que ve muchísimo, ¿no?

Ll.B.: Sí…

V.C.: Y hay quien no ve nada. En el ojo, el ojo físico, también hay muchas calidades. Me acuerdo que iba un día con un amigo mío, que era hijo de un gran pintor, Rudolf Häsler, el hiperrealista suizo que pintaba maravillosamente… Íbamos por la Rambla y me dice: “¡Escondámonos!, ¡salgamos de aquí!…”

Ll.B.: ¡Ha-ha!

V.C.: “¡Ése, que no nos vea!”, dijo. “Pero si está lejísimos”, contesté. “¡Tú no sabes lo que ve ese hombre! ¡Es fotógrafo!, ¡lo ve todo!”. Yo me moría de risa. Me hizo gracia, pero es verdad: la persona que ejercita el ojo, ve mucho más que la que no lo hace. Eso es cierto. No sólo puedes percibir el mundo exterior de un modo mucho más intenso, sino que además puedes elaborar o pueden surgir espontáneamente imágenes que no existen fuera. La capacidad de mirar es muy importante.

Ll.B.: Claro. Ahora, si me permites, quisiera preguntarte sobre aspectos más personales. Te pedí que trajeras un objeto personal, algo que te gustara y has traído una piedra preciosa…

V.C.: Esta piedra me ha acompañado siempre. Siempre la he tenido encima de mi mesa. Me gusta tocarla. Tócala.

Ll.B.: Veamos… ¡Sorprendente!

V.C.: Tiene una textura que es muy peculiar. Yo siempre me he identificado con esta piedra. De vez en cuando la cojo. Era de la colección (de piedras prehistóricas) de mi padre. Como los bronces que también me gustan mucho, por la textura, por la pátina, ¿no?

Ll.B.: Sí.

V.C.: Mi padre siempre nos decía: “¡Hay que tocar!”. Y es verdad (…) las armas, el bronce, también peculiarmente. El bronce es algo que tienes que tocar porque es otra cosa.

Ll.B.: Bueno, estamos un poco acostumbrados a ver, a oír, pero no conectamos los sentidos. Todo se potencia, si participamos de más de un sentido.

V.C.: Es lo que en mística se llama la sinestesia. Ver los sonidos, oír los colores… Y el tacto.

Ll.B.: Existe una tendencia hacia el orden. Si leo poesía, únicamente leo. Si escucho música, solo escucho…

V.C.: Deberíamos combinar más.

Ll.B.: Pasando a otra cosa: coméntame algo de la exposición de tu padre, en el Arts Santa Mònica, creo que fue en el 2011: “La habitación imaginaria”.

V.C.: Es muy bonita la historia de “La habitación imaginaria”. Cuando murió mi madre, que fue en agosto del año 2008, nos vimos en la obligación de deshacer la casa de la calle Herzegovino. Mi hermana y yo teníamos la sensación de que el despacho de mi padre, de algún modo, podía ser objeto de una exposición: con sus armas, con los libros, con todos los objetos que el tenía y que se habían conservado tal cual en casa de mi madre. Ante la inminente desaparición de la casa, la idea de la exposición se hizo más acuciante. Entonces recuerdo que hablé con Vicenç Altaió  que estaba totalmente de acuerdo con hacer la exposición del despacho. Pero la cosa se fue retrasando un poco. Y un día, quedé para hablar de la exposición con Enrique Granell, que es quien se encargó de hacer la gran exposición de mi padre en el IVAM de Valencia, con un catálogo excelente. Es la primera obra importante que se hizo sobre mi padre. Le conté sobre la idea de hacer esa exposición de la habitación, del despacho. Y Enrique, que siempre tiene ideas muy geniales, de pronto me mira y me dice: “Oye, lo del despacho de tu padre, mira, pones una entradita en Herzegovino ¡y ya hay está!”. A mi dio la risa. Y añadió: “En cambio, yo lo que haría, es La habitación imaginaria.”

Ll.B.: Claro…

V.C.: A mi me pareció una idea fantástica. A Enrique de mi padre le interesa sobretodo la primera época. En cambio a mi el que interesa es sobre todo el autor de Bronwyn que es el autor que yo conozco. A Enrique le gustan los años 40 y 50 y le fascinan libros de mi padre como Ferias y atracciones.  Él quería hacer una exposición donde estuvieran todas las cosas de las ferias: “Podemos poner una noria, conozco un lugar donde están guardadas”. A mi me parecía una idea maravillosa. Pero luego nos dejaron un espacio muy pequeñito… imposible por cuestión de espacio. A pesar de que no hubo noria, la idea de las ferias y atracciones imperaba en aquel pequeño espacio. El catálogo me parece buenísimo. Es un alarde de lo que significa poner las imágenes juntas. De cómo el significado sale sol. Enrique escribe y explica muy poco. La idea es que hay que mostrar. En la exposición había también toda esa parte de lo que era el cine que es fundamental en la obra de mi padre.

Ll.B.: Es verdad.

Dejamos aquí la entrevista. Apuro el café.  Salimos fuera, en busca de algún espacio para realizar las fotografías. Es un día gris, nuboso, pero mi corazón está iluminado.

Texto y fotografias: Lluís Bussé © 2014
Twitter: @lluisbusse
E-mail: lluisbusse (at) gmail.com