Close-Up nº 27 : Juan Insua

Entrevista Close-Up

La brillante trayectoria de Juan Insua en el ámbito de la cultura es remarcable. Desde 1993 ha estado dirigiendo proyectos y ostentado diferentes cargos y responsabilidades. En el ámbito de la literatura destacan, por ejemplo: El Dublín de James Joyce(1995), Las Lisboas de Pessoa (1997), La ciudad de K. Franz Kafka y Praga (1999), Cosmópolis. Borges y Buenos Aires (2002), Hiperiment. El hipertexto en juego (2004), Julio Cortázar (2004), El mundo de Gao (2004), Lector Mundi. Diez mil maneras de leer (2005), Kosmótica (2008) y Archivo Bolaño.1977-2003 (2013), y director del festival bienal Kosmopolis. Fiesta de la literatura amplificada, (2002- actualidad). Como director de proyectos y programaciones culturales ha creado grupos de reflexiones sobre temas de la actualidad como Now. Encuentros en el presente continuo, I+C+i. Investigación en Innovación en el ámbito culturalNano (programación infantil) o BCNmp7 (programación musical). Desde el 2010 dirige el CCCLab, un departamento puntero en Investigación e innovación en cultura, que desarrolla actividades y proyectos como Pantalla Global virtualUniverso Internet o La Anilla Cultural Latinoamérica Europa.

Ll.B.: Háblame de tus orígenes.

J.I.: Los orígenes son un poco heterodoxos debido en gran medida a mi formación en Buenos Aires. He hecho desde teatro, filosofía, pasando por radio, periodismo, filosofía y letras, estudios de religiones comparadas. Son muchas disciplinas, es verdad. Hay una definición de César Aira, que casualmente leí ayer, que la asocio un poco con el concepto de literatura amplificada, que trabajamos en Kosmopolis, que de manera indirecta está diciendo lo mismo. Cuando uno se decide por ésta práctica, en el fondo es una práctica literaria porque incluye todas las disciplinas. Lo decía de una manera quizá un poco excesiva. La superioridad de la literatura sobre el resto de las artes, no está en la literatura sino las propias artes, en la medida que las incluye a todas. También, como cuestión de fondo, aunque parezca algo intelectual la explicación, es algo en lo que confío bastante. Se trata de una explicación de índole ontológica y epistemológica. Me parece que la literatura concebida como discurso de amplificación de la realidad, es a diferencia de la filosofía, a diferencia de la teología, y a diferencia de la propia ciencia, es un tipo de práctica y de discurso que no busca modelar el mundo con fundamentos absolutos, fronteras disciplinarias o clichés ideológicos. Por lo tanto ahí reside un tipo de libertad creativa que no tienen el resto de las disciplinas. Incluso Borges se refiere a las dos grandes ramas de la literatura fantástica: la filosofía y la teología. Es muy interesante el concepto, esa inversión que se produce durante el siglo XX.

Por otra parte me siento muy cercano a la ciencia en su sentido más abierto. Aunque obviamente mi formación es humanista, pero siempre he sido un gran amateur de lecturas científicas. Me parece apasionante el mundo de la ciencia y la tecnología. Y mucho más, últimamente por los trabajos del Lab. A la hora de la verdad si tuviera que definirme, a mi me gusta bastante esta idea de tercera cultura. El vínculo continuo entre artes y ciencias. O entre ciencias del mundo y ciencias del hombre. Porque ahí está el futuro. Es lo que proponía C.P. Snow a finales de los años cincuenta,“en el futuro los hombres de ciencia y los hombres de letras se entenderán cada vez mejor”. Era una situación que paradójicamente se daba también el siglo XIX, en un contexto anglosajón donde había una mayor fluidez. Después en el siglo XX todo el tema de las especializaciones, las vanguardias, etcétera, se estableció un bifurcación. Aunque creo que los grandes científicos y los grandes artistas siempre se han preocupado por las revoluciones científicas y los grandes científicos por los grandes cambios dentro del arte y las literaturas en general. Una persona como Murray Gell-Mann, el descubridor del quark, también toma el término  quark del Finnegans Wake de Joyce, cuando escribe: “Three quarks for Muster Mark!”. El vínculo es continuo. Primero trabajar sin fronteras precisas, en los límites, en la porosidad de las fronteras; luego, no buscar fundamentos absolutos. Es algo que toda la deconstrucción filosófica que hay desde, Nietzsche en adelante, va en esa dirección. Si buscamos fundamentos absolutos, el origen de los fundamentos absolutos. Es algo que toda la deconstrucción filosófica que hay desde Nietzche, en adelante, va en esa dirección. Si buscamos fundamentos absolutos, el origen de los fundamentos absolutos (el dogmatismo, el fanatismo, en sus peores versiones), tenemos dictaduras, sistemas totalitarios. La gente en general dice: “es cierto porque es una verdad científica”. Pero si hay algo que es prueba y error, continuamente modificable, son las verdades científicas. Por eso lo explica bien Kuhn, en La estructura de las revoluciones científicas (1962). Esta libertad de ir asumiendo la magnificencia y el misterio del mundo en un aprendizaje continuo. Dado que más que conocimientos establecidos o dogmas sobre los cuales afirmarse, aunque puedas tener convicciones. Lo que en realidad debe hacerse en investigar, explorar, experimentar. Pero desde el punto de vista de verdades absolutas me parece que cualquiera que las defienda excesivamente caería en lo peor de las muchas disciplinas del saber. Debemos huir de las posiciones fundamentalistas, en cualquier campo.

Volviendo un poco a la formación heterodoxa, por un lado académica, y por otro autodidacta. Porque en muchos campos, finalmente, también eres un autodidacta. Lo que no te da la educación reglada o la educación académica te lo da realmente la curiosidad. Y eso no se puede reemplazar. Es lo que decía Bolaño también, es una metáfora muy bonita, “la universidad desconocida”.

Ll.B.: Como comisario de numerosas exposiciones sobre Joyce, Pessoa, Kafka, Borges y ser el director del festival bienal Kosmopolis, ¿de dónde viene esta pasión tuya por las letras, los escritores, y, si me apuras, el arte a través de la palabra?

J.I.: En el sentido más profundo me gusta mucho la definición de amateur de Rabelais, como el amante de todas las cosas. En realidad es a partir de un entusiasmo y de una especie de asombro que sería lo esencial. En el conocimiento si no hay asombro no hay conocimiento. La capacidad de mantener vivo el asombro, una de las características esenciales de cualquier tipo de conocimiento, es esencial. Luego tu lo puedes traducir en arte, en ciencia, o tamizarlo a través de disciplinas o investigaciones metódicas. Son muchas etapas. Si hago la arqueología de mi mismo, es un poco absurda la metáfora, pero la damos por buena. No sé, yo recuerdo que cuando era pequeño en realidad me interesaba mucho la astronáutica y la ciencia. Tenía un laboratorio y a la vez, me interesaba la literatura, hacía títeres, etcétera. Luego me dí cuenta que en realidad más que la química me interesaba la alquimia. Al descubrir la alquimia jugaba con elementos simbólicos. Después vino un periodo de mucha intensidad vinculada a la poesía y el teatro. Posteriormente vino un periodo de estudio del simbolismo de las religiones (religiones comparadas), y finalmente llegué a la filosofía, que me produjo como el efecto de una gran llave maestra para desmontar las cosas. Pero siempre ha habido un hilo conductor de poesía y literatura como lecturas recurrentes. Pero ya te digo, mezcladas por un interés por las artes y todas las ciencias en general.

Ll.B.: Claro.

J.I.: Siempre he estado muy interesado también por las ramas o las subgéneros que en determinada época no eran muy bien considerados. Me interesaba mucho la ciencia y me interesaba mucho la cosmología, la física subatómica, etcétera, pero también me interesaba mucho la ciencia ficción. En ese sentido, desde el punto de vista de curiosidad, sí. Pero luego cuando racionalizas todo y tratas de explicarte, lo que eliges es aquel tipo de práctica, o aquel tipo de discurso, o aquellas fuentes, que de alguna manera te dan la máxima libertad. Entonces en obras literarias, o en obras científicas de científicos que a su vez estuvieron influidos por literatos, es donde he encontrado la mayor libertad desde el punto del pensamiento y del desarrollo. Fundamentalmente un pensamiento abierto, no dogmático y heterodoxo. Eso ha sido así, pero yo creo que de forma muy sencilla sería. Entusiasmo, curiosidad y asombro. Cuando pierdes el asombro desaparece el conocimiento. Lo primero es el asombro y luego aparece todo el proceso del pensamiento, las formas es las que tu quieres expresar éso.

Ll.B.: Desde el 2010 diriges el CCCLab. ¿Qué filosofía esconde el proyecto?

J.I.: Todo nace a partir de una pregunta bastante simple que nos hicimos en el 2006: ¿Porqué dentro de las instituciones culturales, de este rango, de esta importancia, no existían, departamentos de investigación e innovación como sucedía en el mundo empresarial y obviamente en el mundo científico? Sí había experiencias de Labs ya, en ese contexto había cosas como Medialab-Prado. Y había primeras experiencias como Citylab, en el 2004 y en adelante. Si tu ves la evolución de todo eso en estos últimos siete años, lo que sería Lab, concepto laboratorio, ha explosionado. ¡Ahora todo es Lab! Curiosamente eso tiene una parte donde puedes decir: bueno, se ha saturado… Siempre se utilizan palabras fetiches y luego se desvirtúan. Pero si haces una lectura positiva, ¡es un momento laboratorio! Es un momento de sociedad laboratorio. No solamente por la crisis, no solamente por lo cambios que están proponiendo por lo que sería una nueva política, sino también porque obviamente las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento han acelerado este proceso. Entonces en ese momento dijimos, bueno, hagamos un ciclo, que se llame, reemplacemos la “D” de desarrollo, de I+D, por I+C+i, un cambio muy sencillo, Investigación e Innovación en el ámbito Cultural. En ese momento comenzaron a surgir también una serie de estudios, que hablaban precisamente de eso. También está el tema de las nuevas tecnologías que comienzan a entrar en las instituciones culturales, primero en los departamentos de prensa y comunicación, las redes sociales van tomando protagonismo y terminan un poco impregnando un poco toda la organización. Cuando entran las nuevas tecnologías colaborativas consiguen impregnar a toda la institución. Si ves ahora, por ejemplo, estrategia digital del Moma (MoMA digital strategy), se comenzó trabajando con redes pero llevó consigo nuevas maneras de trabajar, con metodologías de trabajo innovadoras.

Una parte que forma el ADN del centro es la preocupación por la evolución de géneros y formatos. ¿Cómo deberían evolucionar las exposiciones?, ¿porqué las conferencias se hacen de determinada manera? Es decir, los formatos en los que nos presentamos. Todos esos cambios estaban sucediendo, siguen sucediendo y constituyen una serie de temáticas de exploración que a la hora de la verdad, significa una manera en la que las instituciones culturales se adapten al ritmo de los tiempos. Por un lado es una actualización permanente, entrando en unas dinámicas que no tienen nada que ver con las dinámicas del siglo XX. Dentro de los cuales hay muchos puntos calientes, podríamos decir. Y uno de ellos es la nueva conversación que se establece con lo que podríamos llamar, la multiplicación de los prescriptores. Habitualmente la relación con el público comienza a cambiar drásticamente. Hay también un núcleo duro, que sería la prescripción. Las instituciones culturales son prescriptoras por naturaleza. Lo que sucede es que la irrupción de las tecnologías digitales colaborativas sumado al cambio que ha venido experimentando el concepto de publico más el gran llamado a la participación de los últimos años, han provocado la emergencia de nuevos prescriptores, que entran dentro de la gran conversación cultural. Y además se produce un movimiento horizontal. ¿Para qué se llama a la participación si luego no se profundiza en ella? Porque una cosa es llamar a la participación, para que opinen sobre ti, hablen y creen comunidades, y otra cosa es lo que hay detrás de la profundización del llamado a la participación. Es algo que siempre planteamos en el Lab: tu llamas a la participación si profundizas, los procesos que llegan son cada vez de mayor participación de la cultura. Entonces se llega al tema de la co-creación con los usuarios. ¿Cómo co-creas dentro de una institución? Éso cambia la manera con la que las instituciones culturales se relacionan con sus públicos. Cambia esencialmente en el sentido de si te diriges a nuevos públicos es una cosa. Pero si te diriges a comunidades es otra. Porque las comunidades, lo que se llama comunidades, si tu eres un partícipe de esa comunidad, eres un igual en esa comunidad. Puedes tener la legitimidad de decir, como hacen en el mundo anglosajón: “quiero captar nuevos públicos”, y utilizas herramientas de marketing. Es legítimo y las reglas son claras. Quiero captar nuevos públicos. En cambio, si trabajo con comunidades que trabajan mis mismos temas, mi postura es de igual a igual. En realidad es un cambio con muchos vectores o muchas líneas que se ha concentrado y que en un determinado momento era como minoritario. Pero crear un departamento, aunque sea pequeño, de estas características, ayuda a que sea una especie de línea cruzada donde convergen todas una serie de dilemas fundamentales que tienen que ver con: una nuevas cultura que se está gestando, estar en el medio de un torbellino en el cual no tenemos las suficiente distancia, comprender algunas cosas de manera cada vez más profunda y crítica. Por ejemplo, las instituciones culturales asumen las nuevas tecnologías digitales colaborativas de una forma totalmente acrítica.

Ll.B.: Las aceptan y ya está.

J.I.: Ahora estamos entrando, a partir de los que sabemos de Snowden, WikiLeaks y la forma de entender la web 2.0 (que al mismo tiempo que era un instrumento de liberación, era un instrumento de recogida de datos y en cierta medida un modelo de negocio), en una fase más crítica. Lo cual me parece que está muy bien. Es necesario ese conocimiento interno del entorno tecno-cultural que se desarrolla, pero para tener una visión crítica. No para tener una fascinación acrítica con las nuevas tecnologías. Entonces departamentos como el CCCLab, en su pequeña medida y en su pequeña área de influencia, ha contribuido a la actualización, la dinámica y la alerta sobre ciertos procesos que van a mucha velocidad. Eso que se dice que la única constante es la velocidad del cambio, en cierta medida es una verdad. Nos encontramos en un contexto donde lo que sería el brazo tecnológico ha tomado mucha velocidad. Lo que sería reflexionar sobre éso, tener una posición crítica en cuanto a la conciencia de la ciudadanía, las leyes que nos protejan, etcétera, va por detrás. Me parece que el Lab nació en un momento preciso y que tiene una función realmente muy útil. Lo cual no quiere decir que no sea hacia dentro y hacia afuera. Es un doble trabajo. Y ayuda a una conciencia sobre el momento de apertura, donde hay cosas por decidir, redefiniendo en muchos campos lo que sería una nueva cultura, fundamentalmente la cultura del siglo XXI. Y la relación con los públicos, con las comunidades. Ya todo será completamente distinto. Ya todo lleva a plantearte, por eso hicimos un premio de innovación cultural y hacemos determinados tipos de proyectos, ejercicios de prospección. Prospección entendida en su doble sentido: primero, porque a veces las instituciones tienen recursos ocultos que no conocen, en su propio personal. Todo el mundo sabe algo pero nadie sabe de todo. Y también, que es lo que está haciendo por otro lado las instituciones culturales europeas con sus programaciones, trazando un horizonte de cinco años. ¿Hacia dónde vamos? Un nativo digital, ¿qué tipo de exposiciones visitará?, ¿cuáles serán sus pautas de consumo cultural?, ¿qué cosas seguirán funcionando y qué cosas no? Tratamos de anticipar el futuro a partir de las pautas del presente. Prospección entendida en su doble acepción: buscas recursos ocultos, sobre lo que ya tienes, y también a partir del presente puedes extrapolar esos escenarios posibles de la cultura.

Ll.B.: Háblame del objeto que escogiste para la fotografía de las manos.

J.I.: En realidad es uno de esos objetos entre racionales e irracionales –Juan Insua sostiene una bellísima reproducción de un primate endémico de la isla de Madagascar, al que sin duda, le une un afecto especial–, o criaturas racionales o irracionales, por las cuales tienes cierta simpatía y que identificamos desde la primera edición con Kosmopolis. A mi me gustaba mucho porque tiene como una tradición literaria, dentro de los animales que han suscitado el interés de escritores. Además, por el tipo de salto que realiza, creo que es uno de los animales terrestres que desde una posición, digamos, estática, más puede saltar. Unos diez metros aproximadamente. La idea como de serenidad pero a su vez, metafóricamente, dar una especie de salto cuántico, de golpe, me gustaba mucho. Era una cuestión, si analizas, no solamente esta imagen que tengo aquí, sino las distintas caras de los lémures, tiene un elemento, como muchas criaturas, que son animales existentes en peligro de extinción en Madagascar. Por otro lado tienen un elemento extraño, fantástico, incluso te diría, como extraterrestre. Tiene su propia genealogía dentro de la literatura, Cyril Connolly, por ejemplo, tiene un ensayo muy bonito sobre los lémures. También existe la simpatía, como mascota vinculada a las primeras ediciones de Kosmopolis.

Ll.B.: ¿Cómo ves el futuro dentro del ámbito de la prospección cultural?

J.I.: Es un momento paradójico por lo apasionante. Sorprende la bestia humana en su acepción más terrible, su capacidad de máquina de matar, todo lo que puede ser, y esta maravilla de ejemplos continuados de solidaridad, de cooperación, que son realmente sorprendentes. O de hazañas, como poner el módulo Philae en la superficie de un cometa. E infinidad de hazañas científicas que son poco conocidas. Sin embargo, creo que pasamos a una época donde se necesita una especie de nueva ilustración. Hay muchos factores: el desprestigio de la política tradicional que traerá inevitablemente nuevas formas de hacer política; las universidades y lo que sería la educación, enquistadas en si mismas. Es muy difícil imaginar un futuro. Existe por una lado la continua emancipación de los individuos, que sería el núcleo del proyecto ilustrado clásico, pero por otro lado la comprensión, una cuestión de todos, de mucha humildad, donde los grandes líderes, figuras, autorías e individualidades, tienen que dar paso a la conciencia de que en realidad hay cosas que dependen de todos. En realidad, una de tantas, pero una cuestión básica, si queremos salvarnos como especie y queremos salvar al planeta, el tema del cambio climático es una cuestión de todos. Si queremos tener otra relación hacia la cultura y entre culturas, es una relación de todos. El colectivismo, un asunto tan denostado precisamente por las experiencias de liberación colectiva que han llevado a los fascismos, o los totalitarismos, es un momento de repensar el futuro de forma muy drástica. Porque tenemos ciertas espadas de Damocles. Ésa es la verdad. Espadas de Damocles que son de índole local y planetario. Me parece que la cultura, entendida la cultura en su sentido más amplio, integrando una intensa participación ciudadana en arte, ciencia, tecnología, diseño. Es decir, con una visión cada vez más abierta e integradora, inclusiva de la cultura. A mi me gusta pensar que en el futuro venimos de una cultura en general de los diagnósticos. Los diagnósticos con más o menos agudeza todos somos capaces de ver los diagnósticos. Los intelectuales, humanistas clásicos occidentales, en general, son muy capaces de hacer buenos diagnósticos. Pero necesitamos conciliar esa cultura de los diagnósticos con una cultura de las soluciones. Es lo que pide la gente: soluciones. Por lo tanto una cultura teórico-práctica, una cultura de la praxis. No una cultura donde únicamente damos el diagnóstico, somos formalistas y no somos conscientes de que hay una serie de cuestiones culturales de primer orden que van, por ejemplo, desde los problemas de la vivienda, el cambio climático, desde nuevas formas de hacer política hasta cómo nos relacionamos con la tecnología, que requieren un cambio importante en las instituciones culturales. Que pasarían de ser de prescriptores clásicos a facilitadores de interfaces. Todo eso que está pidiendo la ciudadanía. Se ha acelerado. Y estamos en un momento de aceleración.

Ll.B.: Ocurre ahora, por ejemplo, en el ámbito de la cultura, que algunos artistas publican archivos de imágenes, proyectos visuales, en la red, de forma instantánea, sin necesidad de tener un soporte físico, una galería o un espacio de exposiciones. Es algo sobrecogedor, fantástico y que está cambiando, como en tantas otras cosas, el gran cerebro planetario que entre todos vamos construyendo.

J.I.: No soy tecnófilo ni tecnológico, soy de los que piensan que internet, sin duda, es un instrumento, una nueva herramienta fabulosa. Que debería ser parte de la solución. No parte del problema. Me refiero a que sabemos que internet no es una herramienta neutra, Depende para que se use. Debería ser un instrumento democratizador al servicio de todos. Tampoco es una herramienta no contaminante, lo tratamos en el Blog del CCCB LAB, por ejemplo, y también se explicó de alguna manera en la exposición Big Bang Data. La nube es una metáfora. En realidad es una gran operación de marketing. No es un ente abstracto. La nube son centros de datos muy buen camuflados y que ahora comienzan a hacerse visibles. Son una fábrica del siglo XXI que produce una contaminación importante. Hay un informe Greenpeace que demuestra éso. En la que medida que se gestionaran con energía cada vez más limpia, podría ser parte de la solución y no parte del problema. La impronta o la velocidad tecnológica no la podemos detener pero sí tratar el factor de concienciación de la ecología extendida en diferentes campos. Vemos la ecología en un campo virtual porque estamos en un nuevo ecosistema, físico-virtual. La ecología hay que entenderla en nuestro entorno inmediato pero también con el resto de las especies. Y finalmente dentro de ecosistemas de transformación que deberían tener sus propias leyes, sus propios equilibrios. Internet es una herramienta extraordinaria aunque hay esta cuestión maniqueísta, por ejemplo, Nicholas Carr, dice: “Internet nos hace más superficiales, pierdes concentración…”. Bueno, muchas de esas cosas son verdad. Clive Thompson, argumenta por otro lado: “Al mismo tiempo nos permite otro tipo de capacidades”. Es como la web 2.0, lo mismo que puede ser utilizada como instrumento de liberación, de creación de conciencia social, política, etcétera, es utilizado como negocio. Las multinacionales de internet negocian con nuestros datos. Es muy difícil salir de sistemas de pensamientos binarios, o convivir con algo que es un “si-no” que coexiste. Entonces hay tensiones entre ellos. Porque internet es al mismo tiempo una herramienta de control absoluto, como es muchos casos, y un instrumento de liberación. Lo que hay que preservar, aparte de historias y pactos internacionales, es que sea parte de la solución y no parte del problema. Dos fundamentales serían: cómo evolucionamos a un mundo donde todos puedan comer. Cómo evolucionamos a un mundo cada vez más pacífico o como evolucionamos a un mundo donde exista la posibilidad de ralentizar el cambio climático. Lo demás está bien, pero tenemos la pequeña urgencia de velar por nuestro pequeño planeta.

Ll.B.: ¿Deseas añadir alguna cosa más?

J.I.: Hay una frase que me gusta, el gran científico Watson la dijo, en cierta ocasión, a sus estudiantes: “Si quieres ser el más listo de la habitación, nunca aprenderás nada”.

Juan Insua me acompaña hasta la salida del CCCB. Es muy atento y desprende, sin que sea muy consciente de ello, la simpatía de un lemur tecnológico: sus saltos y acrobacias por los sustratos del pensamiento y la cultura actuales son un verdadero prodigio. Aprovecho para ver la exposición de World Press Photo 14 y Arissa. La sombra y el fotógrafo, 1922-1936. Me ha encantado la visión futurista de la cultura del CCCBLab y el proyecto que lleva a cabo su director. Nos conviene tener una punta de lanza que oriente a las nuevas comunidades, los nuevos públicos que proyectan aportaciones, quizá inquietantes, quizá revolucionarias, esperemos que con sentido crítico, de igual a igual, dentro y fuera de las instituciones culturales, con una visión constructiva de la Investigación e innovación en cultura, ecología, ciencia, redes sociales…

TEXTO Y FOTOGRAFIAS: LLUÍS BUSSÉ © 2014
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