Close-Up nº 19 : Soledad Gutiérrez | Cast

Entrevista Close-Up

La Fundació Antoni Tàpies se ha vestido de gala con una impresionante instalación dedicada al artista conceptual Allan Kaprow. La muestra, comisariada por Soledad Gutiérrez tiene una acogida espectacular por parte del público en su más amplio espectro: especialistas, curiosos, escuelas, amantes del arte. “Allan Kaprow. Altres maneres“, es una apuesta valiente en tiempos revueltos, donde la inventiva y la creatividad afloran, creando en el espectador la necesidad de intervenir, participar e involucrarse en las diferentes actividades programadas por la Fundació Antoni Tàpies.

Ll.B: Háblame de tus orígenes. Eres una persona muy vinculada al mundo del arte, a nivel profesional y como experiencia vital. ¿De dónde te vino esta pasión? De pequeña…

S.G.: ¡Qué va! De casa no vino. Soy de una de esas familias donde el arte no es ni importante ni existe. Y de hecho, todavía les cuesta entender. Yo siempre me río porque mi abuela un día me preguntó: “¿Pero, tú, tienes una mesa para trabajar?”… (risas). No entendía nada de lo que yo hacía. A mi familia les cuesta mucho entenderlo. Pero bueno, ahora, poco a poco van viendo. Miran los vídeos. Mi padre presume de los catálogos. Pero ellos el arte soy yo.

Ll.B.: ¡Fantástico!

S.G.: Realmente mi afición al arte viene de la época de la universidad. Yo quería estudiar Bellas Artes, una de mis mejores amigas es fotógrafa y siempre me ha gustado mucho la fotografía. Al final no estudié Bellas Artes sino que hice Ciencias Políticas. Estudié en Bilbao, yo vengo del norte. Pero toda la carrera, mis amigos siempre han sido gente de Bellas Artes, y empecé a hacer cosas con ellos. Hice también visitas guiadas, hablo inglés, francés y alemán. A partir de ahí comencé a producir proyectos pequeños. Después de trabajar en el departamento de Educación del Guggenheim me ofrecieron la posibilidad de trabajar en el departamento Curatorial. Luego me fui a Londres, a la Whitechapel, siempre trabajando con artistas jóvenes, produciendo obra. Y la verdad, es algo que me gusta mucho. Me siento muy cómoda. Siempre he pensado y sigo pensando que el arte puede cambiar el mundo. A mí la política es a través del arte. Por eso me parece que es importante el arte contemporáneo. Por eso me gusta producir obra. Me gusta trabajar con gente joven. He estado en Bilbao, he estadodespués en Londres y luego vine a Barcelona.

Ll.B. En Barcelona has trabajado para el MACBA, una experiencia muy interesante, imagino.

S.G.: Sí, llegué para cubrir una baja en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) y he estado ahí seis años.

Ll.B.: ¡Muy bien!

S.G.: Estuve trabajando primero como coordinadora de exposiciones, y luego ya como comisaria. La primera exposición que comisarié fue la de Nasrin Tabatabai y Babak Afrassiabi, unos artistas iraníes que trabajan en colaboración y que producen una revista en inglés y farsi que se llama Pages. Hicimos una exposición que se llamaba Filtraciones. Luego también he comisariado junto con Bartomeu Marí la exposición de dibujos de Lawrence Weiner (Escrito en el viento), que luego estuvo en el Stedelijk Museum, Ámsterdam. Ahora, presento en el MACBA también, Justo delante de nosotros.  Una exposición que voy a comisariar junto a Abdellah Karroum. La muestra partirá de una geografía muy específica que es el Rif. Y a partir de ahí se invita a participar a diferentes artistas contemporáneos a producir piezas que nos hablen sobre la historia y de cómo se construyen los significados. Y la exposición que está en la Tàpies: Allan Kaprow. Luego en julio (2014),  presentó Oskar Hansen: Forma abierta, también el MACBA. En paralelo también formo parte del jurado y equipo curatorial de BCN Producció, organizado por l’Institut de Cultura de Barcelona y que se presenta en la Capella del carrer Hospital.

Ll.B.: O sea, que no paras. Estás todo el día…

S.G.: ¡No!… A partir de julio ya veremos. Pero de momento, hasta julio, está cubierto.

Ll.B.: Genial. Háblame un poco de la exposición de Allan Kaprow, aquí, en la Fundació Antoni Tàpies. Resulta muy sugerente y abierta a la participación.

S.G.: La verdad es que es un proyecto muy especial. Yo llevo dándole vueltas al trabajo de Allan Kaprow desde hace mucho tiempo. Cuando trabaja en la galería Hauser & Wirth, en Londres. Yo llevaba proyectos de artistas y uno de los artitas con los que trabajé fue Paul McCarthy. Y Paul McCarthy es muy amigo de Allan Kaprow. Al conocer el universo Paul McCarthy entre en contacto con Allan Kaprow, una figura que me resultó muy interesante. Pero, bueno, ahí estuvo. Luego cuando estaba en el MACBA coordiné una exposición sobre John Cage. John Cage fue maestro de Allan Kaprow. Entonces parecía que todos los caminos llegaban de alguna manera a Allan Kaprow –a Soledad Gutiérrez se le escapa la risa, una risa contagiosa–. Me parecía y me sigue pareciendo, después de trabajar la exposición muchas veces, que las cosas cambian. Ahora conozco mucho la obra de Kaprow. Hay momentos en los que, todos tenemos contradicciones, me parecía muy interesante crear una obra donde no existen los objetos. Una obra donde la acción es lo importante y que está muy basada en el día a día, en lo cotidiano. Que aspira a mezclar arte con la vida. A mi parece también que el arte es vida. La idea de que todo se basa en partitura, casi en composiciones musicales que hacen que esas composiciones puedan ser compartidas. Y es muy difícil controlar el uso que se hace de ellas. El aprendizaje es a través de la experiencia y de la relación con nosotros. Todo el arte de Allan Kaprow está enfocado, y hay una carrera que lo lleva hasta el final, al autoconocimiento personal. Un artista muy involucrado en el movimiento feminista. Muy involucrado en la toma de conciencia. También muy involucrado en lo cotidiano, en el trabajo de equipo, en la colectividad. Todo esto también para mí son temas muy importantes. La no generación de objetos, que es una cosa que yo siempre me he cuestionado mucho cuando producimos obras de arte. Entonces me parecía que por su relevancia, se ha convertido en un personaje histórico, con mucha carga conceptual y que, en gran parte por ello, se  le ha categorizado de modo formal y no nos hemos adentrado tanto en el trabajo de Kaprow. Era interesante por lo tanto traerlo al presente. Trabajar con artistas jóvenes. El mismo Kaprow dijo que no quería ser parte de la historia del arte. Y ver como eso tenía sentido. También es muy importante la institución. Es muy importante que esté en la Fundación Tàpies. Y no sólo eso, el trabajo con Laurence Rassel, la directora, sin ella, estos proyectos no serían posibles. Desde el principio hemos hablado mucho y trabajado sobre la idea de cómo poner la institución al servicio del arte y no el arte la servicio de la institución. Ahora la gente está participando en la exposición en el espacio que hemos creado, pero a veces el espacio estaba vacío. Nos hemos permitido la libertad de crear un Kaprow donde no había archivo, un Kaprow donde todo son materiales de trabajo, donde hemos liberado muchos materiales que nunca ante se habían visto. Pero precisamente por eso, porque hemos renunciado a una museoficación o una exposición.

Ll.B.: Una apuesta muy interesante.

S.G.: En efecto. Es un proyecto muy bonito y que está funcionando muy bien. La gente se engancha.

Ll.B.: Habéis escogido, entre otras líneas de trabajo, al Allan Kaprow vinculado al movimiento feminista. ¿Puedes ampliar un poco en qué consiste?

S.G.: Nos interesaba mucho. Se habla a menudo del arte feminista, de su importancia. Muchas veces se habla desde el punto de vista de la práctica pero no tanto de las influencias. Hay en tótems de la historia del arte, por ejemplo, Allan Kaprow, para los que el el movimiento feminista,  y su vinculación a este, transforma su práctica completamente, evolucionando mucho en su forma de trabajar. Yo creo que eso es una influencia que es muy importante reconocerla. No es una mujer haciendo arte feminista sino que es un hombre, consagrado dentro de la historia del arte, que reconoce públicamente y abiertamente, que sin el movimiento feminista el nunca hubiera trabajado de la manera que lo hizo. Yo creo que es importante poner las cosas en sus sitio. Es una influencia no en la forma, no en los contenidos, sino en la metodología. Allan Kaprow va a las raíces de lo que es la producción artística. Muchas veces no es que haya generado una obra en defensa de las mujeres, ni obra donde reflexiones sobre los roles, que también lo hace. Lo que me interesaba y lo que nos interesaba en la exposición es el hecho de que ha generado una metodología entorno al movimiento feminista. Se aplica a su práctica artística. Y es una influencia muy importante. La obra no se ha reconocido, no se ha hablado de ella o se ha considerado importante. En cambio, para Kaprow es central en su obra. Entonces, el recuperar eso, cuando hablábamos de este proyecto, y que habían cosas muy interesantes que debían sacarse a la luz, al ver papeles, al entrar en el archivo de Kaprow, vimos esa intuición. De repente cuando te encuentras cincuenta o cien páginas sin publicar, reconociendo la importancia del movimiento feminista, su práctica, desde un punto de vista metodológico, es muy importante. Importante porque es una reivindicación de formas. Cómo hacemos las cosas es algo básico. Muchas veces tenemos una cultura de objetivos. Yo creo que la forma en la que nos enfrentamos al día a día es una decisión política. Hay que tenerlo en cuenta y darle su importancia. Yo soy muy partidaria de defenderlo.

Ll.B.: El título: Allan Kaprow: Altres maneres está relacionado con el planteamiento de la exposición. El público participa de forma activa. Lo he visto todo el rato. Interviene. Toca. Siente los objetos. Los objetos escogidos comentabas que eran objetos de uso cotidiano. La gente no tiene instrucciones. Interactúa con plena libertad.

S.G.: En cuanto a la participación, te refieres a Push and Pull, la pieza que está en la exposición. En esta la única instrucción que hay es la partitura original de la pieza donde se da libertad para mover los objetos. Entonces es muy interesante, la gente se involucra mucho y nos enseña mucho de nosotros mismos, ya lo decía Kaprow en un texto sobre la pieza que se sabe cómo es una persona en función de cómo se mueven los muebles.

Nos reímos.

S.G.: Hay personas que le gusta tenerlo todo organizado y veías que al entrar en la habitación lo ponía todo en orden. Al que le gustaba el caos, lo cambiaba todo. Y me hizo mucha gracia porque el primer día montamos la pieza todos juntos. Y yo había hecho un orden que me parecía que era “el orden” que tenía que ser. Al día siguiente, volvía al mediodía, y estaba todo totalmente cambiado. Y lo primero que pensé cuando bajaba las escaleras fue: “¡Me lo han movido!”. Y entonces me dije: “¡Kaprow tenía razón!”. Y luego, volviendo a la pregunta del título, es una cita de Kaprow. El artista decía que no hay una forma buena ni una forma mala, que siempre hay otras formas u otras maneras de hacer las cosas. También es el título que le da a un proyecto educativo. Otro de los aspectos que nos importaba mucho en la exposición: la educación y la posibilidad de una transformación de la educación. Kaprow defendía que había que hacer un cambio radical en la estructura formativa. Yo creo que es una cosa que está muy vigente ahora cuando, por ejemplo, la última ley aprobada, la ley Wert, donde la educación elimina la plástica de las escuelas.

Ll.B.: Dramático, ¿no?

S.G.:  Dramático. Kaprow defendía todo lo contrario: unos niños que si antes de los trece años no has hecho arte, es imposible que el arte entre en tu vida. Y no un arte desde la historia del arte sino un arte desde la práctica artística. Trabajando con poetas, artistas… Y nos parecía importante esa forma transversal de hacer arte, que era importante para la educación, el defenderla hoy en día. Y a veces da mucho miedo cuando piensas en la historia y cuando piensas en qué momento estamos. Es tan importante reivindicar que el arte entre en la educación. ¿Qué es lo que está pasando en la historia que cosas que se han defendido hace cincuenta años, porque este proyecto es del sesenta y seis (1966), tienen más vigencia que nunca? ¿Y qué capacidad tenemos a través de la historia de activar el presente? Y eso no parecía muy importante.

Ll.B.: He visto que os visitan escuela con niños. ¿Qué puedes contar sobre su participación?

S.G.: Como parte del proyecto educativo una de las cosas que hicimos fue trabajar con profesores y pedirles que por favor hicieran happenings en las escuelas.

Ll.B.: ¡Qué divertido!

S.G.. Y está funcionando muy bien. Creo que hay unos cincuenta grupos de primaria y secundaria que están haciendo happenings. Además son los mismo happenings que Kaprow planteó para el proyecto educativo “Otras Maneras”. Que es un happening que gira entorno al concepto de caridad, el concepto de multa, donde los alumnos se hacen responsables de esos conceptos y los asumen como parte de una actividad. Es muy interesante ver cómo está funcionando y cómo cada uno lo lleva a su terreno hasta que el happening entra en su vida. Hay un happening que hace mucha gente, que está en las actividades familiares, que es lavarse los dientes. Kaprow decía que si tu eras capaz de aislar un acto cotidiano y convertirlo en una obra de arte, la relevancia que gana es muy grande. Por ejemplo: lavarle los dientes a otra persona. La toma de conciencia del cuerpo del otro es muy importante. Y son cosas mecánicas alas que no les prestamos suficiente atención. Cosas como saludar a alguien por la calle que si lo conviertes en algo especial, tiene una belleza, que hay otras cosas que no tienen. Es bonito y los niños se la pasan muy bien. Y lo entienden muy bien, sin problemas. Para ellos, esa mente libre, que lo ves y piensas: “¡Fíjate! Ya lo tienen…”.

Ll.B.: Lo han cogido a la primera.

S.G.: Sí. Y les da igual. Y te proponen cosas antes de que tú les propongas: “¿Y porqué no hacemos no se qué…?”

Ll.B: Te pedí que trajeras un objeto al que le tuvieras una especial vinculación, afecto, estima… ¿Qué objeto es que has escogido para la fotografía de las manos?

S.G. Un CD robado de la exposición. Bueno, realmente el CD también lo tengo en casa. Fue un regalo que me hizo Laurence la última vez que estuvo en Nueva York. Es el CD original de “How to make a happening?”. Un audio de Allan Kaprow. Creo que es del sesenta y seis (1966). La verdad es que es un CD que me ha hecho mucha compañía los últimos meses y que está haciendo mucha compañía a mucha gente ahora. Ahora tengo el privilegio de haberlo disfrutado, lo han traducido al castellano y al catalán. La gente lo está leyendo y puede disfrutar del audio de la exposición. Muchas veces cuando trabajas en una exposición donde el artista no está vivo, no puedes hablar con él. Te gustaría poder convocarle o poder llamarle por teléfono y preguntarle cosas. El audio es bonito. Tiene una voz muy bella, muy agradable. Muchas veces, cuando te pierdes un momento pensando, que no sabes muy bien hacia dónde ir, lo escuchaba. No tiene respuestas a nada ni son respuestas mágicas pero entras en un contexto. La verdad es que gusta mucho y le tengo mucho cariño. Yo pensaba, ya que la entrevista parte de la exposición, una de las cosas con las que he viajado este año ha sido el audio.

Ll.B.: Coméntame un poco, ya lo hiciste antes, pero si quieres añadir algo al respecto, acerca de tus proyectos futuros. Y también, luego, ¿qué visión tienes del arte? Fuera de la exposición de Allan Kaprow. ¿Qué es el arte actual para Soledad Gutiérrez?

S.G.: Primero los proyectos futuros. Está Oskar Hansen, no muy en la línea de Kaprow. Oskar Hansen es un arquitecto polaco, totalmente desconocido en Europa. A mi me gusta mucho y me interesa mucho su trabajo porque él desarrolla una filosofía que aplica a la arquitectura y que luego aplica sobretodo a la enseñanza de artistas, que es “la forma abierta”. Es una teoría que se basa en la capacidad de establecer diálogos y en la posibilidad de crear relaciones que construyan cosas, no que las cierren. Me parece muy importante a la hora de reivindicarlo y es algo que conecta con Allan Kaprow, su relación con los artistas y me interesa mucho. Después de la exposición de Hansen lo que me gustaría dedicarme una temporada es al doctorado. O hacer un master de investigación para iniciar el doctorado. Es un proyecto que tengo hace mucho tiempo, que empecé cuando estaba en Bilbao. El doctorado lo empecé hace diez, doce años. Lo dejé porque el trabajo es el trabajo. Empiezas a trabajar y va pasando el tiempo. Lo he retomado varias veces y el año pasado decidí dejar de trabajar o frenar un poco el ritmo para ponerme de nuevo con el doctorado. Al final, ¡no ha sido así! Justo llegó Kaprow, era un proyecto que me apetecía mucho. Bueno, han ido saliendo unas cosas, pero ahora, este otoño, sí que me gustaría tomármelo con mayor tranquilidad: leer, escribir, preparar el proyecto. Centrarme un poco en eso.

El arte, para mí, como ya he dicho antes, está muy en conexión con la vida. No de una forma metafísica ni nada. El arte es una forma de política, es una forma de tomar decisiones. Para mí el arte no tiene tanto que ver con la artesanía sino que hay una belleza de las cosas que está ahí. El arte que me apetece ahora, que luego también las cosas cambian, es un arte muy humano. Una dimensión más pequeña, un arte que no sea tan de lujo. No tanto en las producciones, centrado más en los conceptos. Un arte cercano a la gente. Hay un tema que me interesa mucho y que de alguna forma se materializará, que está muy condicionado por donde yo vengo, yo no vengo ni de Madrid ni de Barcelona, ni de una gran ciudad, sino que vengo de un sitio pequeño donde el arte es muy inaccesible. Yo vengo de una ciudad industrial, yo soy de Torrelavega, pero se aplica también a todo el entorno, me interesa la conexión del arte con el mundo rural, con los pueblos pequeños. Cómo llega a esos lugares. Muchas veces hablamos de la periferia como un país pero nos olvidamos de que hay muchas periferias dentro de las periferias. Me interesa mucho ahora, me interesa algo que conecte con la gente. No me interesan los espectáculos, me apetece el arte como forma de comunicación, una comunicación entendida como la relación entre los demás. Entonces no sé ni cómo se materializará ni la forma que cogerá, pero bueno, a eso es a lo que voy. Y el mundo del arte seguirá siendo el mundo del arte. No necesita a nadie. Venecia seguirá existiendo y el espectáculo seguirá ahí. Me interesa una cosa más humana. Kaprow es una exposición que habla mucho de esto: cómo llegas a la gente, estar cerca.

Ll.B.: La participación del público. Una comunicación más diáfana, más clara.

S.G.: Sí. Al final todo son pretensiones. Pero ahí está.

Es una suerte que tengamos a personas de la calidad humana y preparación como Soledad Gutiérrez, entre nosotros. La veo como una defensora de un arte comprometido, cercano, abierto a la participación. Algo necesario que debe reivindicarse. Sobretodo en un mundo cada día más centrado en el espectáculo, donde unos pocos tienen la capacidad de seguir el rastro de los grandes artistas (en ocasiones poco conocidos), transmitir el legado al presente y apostar por jóvenes talentos. Una rueda que invita al movimiento y la reflexión. Así, bajo el hechizo de Soledad Gutiérrez, me voy de la Fundació Antoni Tàpies, mirando de reojo al público que interviene moviendo las piezas de la exposición de Allan Kaprow. Sin duda, y para celebración nuestra, aún, en efecto, hay “Otras Maneras”.

Texto y fotografias: Lluís Bussé © 2014
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