Close-Up nº 12 : Vicenç Altaió | Cast

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Entrevista Close-Up

La obra y personalidad de Vicenç Altaió salen de los parámetros ordinarios para convertirse sencillamente extraordinarios. Si Altaió fuera un cantante me gustaría ser presidente de su grupo de fans. Es bastante natural sentir simpatía y afecto por personas que hacen de la cultura y la creación una especie de cuadrilátero de boxeo donde las palabras y las acciones llegan a los puntos más sensibles del arte, un púgil sufrido y de un arte a veces conformista. Me fascina la capacidad de este poeta, ensayista, comisario, crítico, traficante de ideas y actor, que muy a menudo consigue hacer tambalear este gigante milenario con unos planteamientos renovadores y vanguardistas.

Ll.B.: Eres poeta, ensayista, has comisariado exposiciones, has sido asesor cultural de diversas instituciones, montado performances, has sido el director del centro KRTU (creación, investigación, tecnología, universales) y de Arts Santa Mònicay últimamente ha participado en la película Història de la meva mort de Albert Serra, interpretando Giacomo Casanova.Quisiera que me hicieras un resumen de tu trayectoria, empezando por tus inicios.

V.A.: De joven iba a visitar a menudo los poetas, que algunos venían de exilio, como Agustí Bartraotros del exilio interior, como el poeta J.V. Foixotros del exilio condenados por la cultura académica, como Joan Brossaotros salían del exilio del simbolismo, como el poeta Joan Vinyoli… En aquel momento tenía yo unos diecisiete años y me sentía empujado por una fuerza que era como una bola detrás de la nuca que me empujaba hacia la vida estética. Foix prácticamente rayaba los ochenta y me recibía en su casa. Yo le pedía: Siento molestarlo“. Y él respondía: No, estoy muy contento de que me vengan a ver hablaba de vos; porque de los míos ya no queda ninguno. Entonces mi vida forma parte, intelectualmente, de un solapamiento con lo que fue la gente de la vanguardia histórica. Detrás de Foix, había una pintura de Joan Miró, una de Salvador Dalí, un manuscrito de Federico García LorcaVengo del puente con la primera vanguardia, el puente con la segunda (los Tàpies, Brossa), la relectura de algunos de estos y su vindicación. De Foixen concreto, aprendí a leer; de Brossa a investigar; y de Vinyoli y de Palau i Fabrevivir y transformar. Pues vengo de éstos y a la vez de crear un colectivo, tanto en el ámbito literario como en el artístico: una nueva generación. Después de la primera, la segunda vanguardia, y la nuestra. Aquí nos encontramos nombre como Pere Jaume, como Frederic Amat, como Pep Uclés, Carlos Pazos, EVRU, Jordi Colomer, Pere Noguera, Miquel Barceló, Pep Duran Esteva, Jaume Plensa, entre otros.

Ll.B.: Sí, también hay una generación literaria como Quim Monzó, Biel Mesquida, Carles Hac Mor, Enric Casasses

V.A.: En fin, la estética, como bien sabes, a diferencia de la ética que establece un pacto, o de la religión que es una creencia, es un espacio muy libre. Y por lo tanto, a diferencia de otros momentos históricos, yo creo que mi aportación básica ha sido trabajar con un sujeto colectivo. Llevar parte de Cataluña al mundo. Y parte del mundo en Cataluña. Y aquí, los vasos comunicantes son varias generaciones.

Ll.B.: No has sido un organizador sino que has encontrado dentro de unas vanguardias, liderándolas en ciertos momentos. Y has echado todo esto hacia adelante.

V.A.: Yo lo que no soy, en efecto, es: ni un crítico de arte, ni soy un gestor cultural, en absoluto; siempre he trabajado desde el sentido más profundo del hecho poético, que es el reconocimiento de que uno tiene que decir lo que no sabe, que hay unas formas derivadas de la disciplina y del conocimiento y su propia transgresión. En realidad lo que soy es un poeta y un traficante de ideas.

Ll.B.: exacto; últimamente has publicado el libro Un traficant d’idees a les fronteres de l’artExplica en qué consiste este tráfico de ideas.

V.A.: El poeta como el artista a menudo trabajan en espiral hacia adentro. Y trabaja por intuición, con el conocimiento, las experiencias, la síntesis. En cambio el traficante de ideas es como el complemento de ello. Es una espiral de dentro a fuera, y establece unas líneas de relación que no son necesariamente la recta o el círculo, sino que existe la cruzada, la curva, el zigzag. Cuando estaba en París en los años ochenta esperaba un día a un amigo, en el bar, antes de entrar en un museo impresionista. Y este amigo que practicaba el arte por correo llegó justo en el mismo momento que se cortaba el televisor y apareció la imagen de un general, que era Jaruzelskique acababa de hacer el golpe de estado en Polonia. Y a la vez este amigo mío entraba con el diario Libération donde había un titular que decía Jacques Derrida, el filósofo, detenido por tráfico de estupefacientes. Y ligando yo la imagen que mi amigo llevaba y la imagen del general en la televisión, vi que el filósofo había sido detenido a causa de las ideas. Desde ese momento y para siempre, he participado en esta tradición, no la de los que imponen, sino la de los clerici vagantes, los reformistas, los vanguardistas, los dandies, los snobs. Y he acabado singularizando un nombre nuevo desde la sociedad del conocimiento, esta figura del intelectual que trafica con ideas. No con cultura material o dinerable sino básicamente con ideas y valores. De ahí el término.

Ll.B.: Hay una etapa importante en tu trayectoria, no hablo ni como poeta ni como ensayista Sales a la Viquipèdia, y cuando tenías veinte años ya salías en la Enciclopèdia Catalana, ¡eres todo un personaje! Todos te conocen… Te quería preguntar sobre tu etapa como director del Arts Santa Mònica. Hace poco que lo dejaste. ¿Fue un salida voluntaria?, ¿una decisión política? Cuéntame

V.A.: No, no, fue directamente una decisión del consejero de Cultura, Ferran Mascarell, que tiene una visión diferente, en este caso, de la acción de las políticas culturales. Seguramente él es un novecentista y yo provengo de la tradición de la vanguardia. Seguramente él cree más en la parte de la gestión cultural entendida en términos de economía de mercado. Él tiene el derecho político de tomar esta decisión. Pero debo decir, que yo me siento satisfecho con mi equipo al haber convertido lo que era un centro de arte en un modelo de lo que son los centros de la sociedad del conocimiento. Y este modelo tuvo incluso un reconocimiento internacional indiscutible y una fuerza muy alta en Barcelona. En primer lugar abrimos el arte hacia todas las artes, desde la arquitectura, la escritura y todas las disciplinas de la creatividad y del conocimiento. En segundo lugar juntamos el viejo mundo del humanismo con el nuevo mundo de las nuevas proposiciones y nuevos imaginarios, y nuevos cambios de vida que vienen de la revolución de la ciencia y de la tecnología. Y la tercera propuesta era creer que el mundo de la comunicación no pasa por lo que es propio de cada una de sus disciplinas, sino de una vocación multidisciplinar y donde conseguíamos, y logramos, hitos muy altas en lo que es poner en común la alta cultura y con lo que podríamos decir la suma de otras culturas de minorías. Y configuramos un camino hacia lo que debe ser la nueva cultura de masas, contrario al espíritu que muchas veces hoy impera, que es la cultura de la banalidad, la cultura de los datos, la cultura del mercado, etcétera. Por lo tanto este proyecto, del que plenamente disfrutamos exitósamente y superó otras etapas anteriores, quedó colgado y tocado.

Ll.B.: Hay alguna exposición, de las muchas que ha hecho, de la que te encuentres especialmente contento, que haya tenido una muy buena acogida

V.A.:Sí, estoy contento de todo el paquete. Empezamos abriendo el centro con un trabajo público del Alfredo Jaar por toda Barcelona, que se preguntaba: ¿qué es la cultura?, ¿qué responsabilidades tiene la cultura, el arte debe ser político?, etcétera. Estas preguntas muy simples tenían mucho interés porque ponía en grado cero el mundo de la cultura y del arte en relación a la sociedad. Al mismo tiempo Carles Santos hizo una acción que bajaba desde el comienzo de las Ramblas hasta Santa Mónica; y por tanto juntábamos, rompiendo las paredes de un centro de arte, la música con el erotismo y la vida de La Rambla. Al mismo tiempo empezamos con un análisis con Enric Ruiz Geli a través de un sabio que es Rifkin y que anuncia la Tercera revolución industrialpara convertir el propio edificio arquitectónico en un espacio nuevo, de nuevas energías y de conocimientos hacia el mundo futuro. Y la primera exposición que hicimos dentro, era una exposición de Isabel Coixet, de homenaje a John Berger, el cual, como es ampliamente conocido y reconocido escritor y crítico de arte, fue el primero de poner imágenes de arte en la televisión. Eran las cartas de una mujer a un hombre que estaba en la cárcel. A través de un conjunto de actrices de amplio reconocimiento internacional, que podríamos decir, las vírgenes de la progresía europea, eran grabadas sus voces como una voz multiplicada, de la mujer. La voz de la mujer sin visibilidad, la voz sin imagen. Aquello, ¿que era? Era cine, era performance, era una obra de teatro… Era un nuevo ritual. Por lo tanto empezamos poniendo en comunión todos los lenguajes artísticos. Esto me gusta, en ideas y en formas de hacer. De las diversas líneas, que había muchas, como decías, hay unas que tienen que ver con el mundo de la literatura…

Ll.B.: ¡Y tanto!

V.A.: La exposición dedicada por ejemplo a Quim Monzó o a Joan Salvat-Papasseit

Ll.B.: Las recuerdo; fantásticas.

V.A.: era una manera de convertir la literatura también en un mundo visual y objetual. También exposiciones de carácter internacional, como la de En un desordre absolut, o Pure Views. Transformacions de l’art xinès contemporani.Imagínate, eso nos ponía en un buen camino internacional, ¿no?

Ll.B.: Sí…

V.A.: Eventos como la colaboración siempre con Loop. O la feria del libro de Arts-Libris. Exposiciones de nueva singladura, de tema científico, tanto en el ámbito de la cocina como el de la física o de la biología y el conocimiento. Después otras más dedicadas a artistas…

Ll.B.: A autores…

V.A.: Desde el primer Miquel Barceló, a otros. Bueno, digamos que era un sistema muy abierto, yo creo con una buena simpatía, cada vez más para un público muy heterogéneo, que constituía esta nueva cultura de masas. Entiendo que en estos momentos haya prioridades políticas y prioridades economicistas. Pero si la cultura queda secuestrada por la política y por criterios estrictamente economicistas, la cultura, en primer lugar la cultura catalana, queda totalmente debilitada. Pero también como tal cultura, y nosotros como sujetos y el mundo de las ideas, quedamos totalmente en debilidad. Y por tanto, hay cosas que no acaban ligando.

Ll.B.: Muy bien. Fantástico. Ahora te quería preguntar, después de terminar esta etapa de la dirección del Arts Santa Mònica, espectacularmente, ¡yo me quito el sombrero y no lo llevo! (risas)… Has sido uno de los protagonistas de la película Història de la meva mort, con Albert Serra como director. Serra también es un personaje impresionante. ¿Qué puedes decir de esta experiencia delante de las cámaras?, ¿el hecho de actuar en el papel de Giacomo Casanova?

V.A.: Tuve la suerte de conocer a mi juventud a gente como Miró, Foix, Palau i Fabre. Gente muy grande. He visto nacer mi generación, gente muy buena, como Perejaume. Y por detrás, gente como, no sé, Jordi ColomerCreo que son artistas muy grandes. Cada generación ofrece lo suyo. En singular. Somos un colectivo pero hay singularidades. Y las singularidades son nuevas maneras. Son cosas nuevas. Originales en la forma de hacer, con el lenguaje. Esto esAlbert Serra. Mientras trabajábamos en ese campo y fuera del campo, que representó ese mes en Rumania, y luego en algunas regiones de Francia, sentí que era la experiencia de cultura más radical que he vivido en la vida. Recordaba que en los años setenta, al igual que ahora, donde hay un cierto paralelismo, pretendíamos hacer una gran revuelta, de todo orden, que era moral, que era política, que era estética, que era de modelos de vida, sexual, ¡de todo! Y claro, con el Serra, viví, de nuevo, esta experiencia renovada y reposada. A mí no sólo me gusta hacer, sino también observar. Es decir, tanto la acción como conocer las poéticas. Las máquinas… Las máquinas de pensar y las máquinas de ello, que lo hacen posible. Para mí fue un privilegio total porque tenía mucho interés en conocer por dentro…

Ll.B.: El proceso…

V.A.: …el proceso de trabajo. En estos momentos, sólo por eso, ya me puedo considerar un privilegiado.

Ll.B.: Claro.

V.A.: Porque he visto cómo trabaja este genio, que no tiene nada que ver con lo que nos hacen creer cómo funcionan las cosas, la súper planificación, la industria cultural… ¡Es todo lo contrario! O sea, él crea las bases para que se produzca algo muy profundo. Primero que es real, es decir, nosotros en el Casanova estamos viendo en la pantalla, en mi opinión, el tiempo pasado, el tiempo presente y el futuro. Cuando el personaje Casanova está saliendo, es un Casanova que no ha sido en la Historia, por tanto, está caminando en la película pero no hay prácticamente ningún error. Tampoco en el rigor falla. Así hay rigor, realidad, transgresión e innovación. Claro, esto es el colmo de una obra estética.

Ll.B.: Exacto, se mueve por unos parámetros completamente innovadores. Luego, también está la fuerte personalidad de Albert Serra. Única. Serra se mueve por donde quiere, hace y deshace; levanta polémicas de forma natural. Al fin y al cabo, es muy libre de hacer lo que quiera. Y lo hace de maravilla…

V.A.: He tenido la suerte de haber vivido una amistad y un diálogo muy intenso, intelectual, pero amigos, no sé. Soy amigo de todos y de nadie. No dedico la vida a la amistad. Pero claro, en cambio, esta confusión entre la vida y el trabajo, yo la tengo. Y por tanto, con él, me lo encuentro durante este tiempo, muy a menudo. He tenido el privilegio de escucharlo en París, en Bruselas, y ver que es, en realidad, uno de los grandes intelectuales del momento. Ya lo veía al principio, pero ahora que lo conozco, tiene la altura gigantesca, no sé, de un Miró, de un Dalí. Uno de estos internacionales. Es en estos momentos la persona de aquí que más viaja por el mundo. Cada día, prácticamente. Y ha ido a los festivales internacionales. Pues si esto es cine, o no sé qué, es más que todo eso. Es cine también, pero es más que cine.

Ll.B.: Muy bien. Te había pedido antes la fotografía del objeto. En tu casa tienes infinidad de objetos, imagino que les quieres mucho, los aprecias, me has mostrado muchísimos. Finalmente, ¿te has decidido por…?

V.A.: En la casa todo es muerte y vida. Esta es una casa que está llena de experiencias que forman parte del pasado, no sólo mío, sino de cantidad de aventuras literarias, artísticas, testimonios… Podríamos decir que uno vive dentro de un cementerio. Y la cultura y el arte, a diferencia de la irreversible fatalidad biológica, que pasa inevitablemente por la muerte y la desaparición incluso del mismo cuerpo, la cultura y el arte vivo. Todo esta cultura es la cultura de la vida, la vida de la cultura. La muerte forma parte de la vida, no sólo como objeto, sino que es nuestro sujeto. Nosotros matamos las tendencias interiores para hacer unas nuevas, de oscilación estética; matamos nuestro sujeto, para dejar hablar a los organismos muertos del lenguaje; y aquellos que no se matan a sí mismos no son ni artistas. Es decir, un artista es aquel que sacrifica una buena parte de la tiranía de lo doméstico y la irreversible fatalidad. Y sabe que formamos parte de un anillo de continuidad y de renovación.

Ll.B.: Perfecto. Me has contestado, pero el objeto que has elegido era un esqueleto.

V.A.: Sí, un esqueleto mexicano..

Ll.B.: Muy bonito… Eres una persona que no paras nunca quieta. Te requieren de todas partes. Ahora, por ejemplo, que nos ha dejado Subirachs, te han pedido un artículo a toda prisa. Después marchas a Cadaqués, no sé … ¿Qué me puedes decir de los proyectos futuros?

V.A.: Ahora estoy aquí contigo; dentro de un rato viene un editor, que me lleva un libro nuevo de una estudiosa, Anna Carreras, donde habla de la relación que tuve con el poeta Joan Vinyoli. I el libro Santa Follia de ser càntic que escribí recordándole a él. Después me encuentro con la gente de la revista 4 Taxis, una pareja que hacen la revista a partir de la ciudades en las que se mueven. Es muy interesante. Mañana he quedado con el coleccionista Ventós, luego voy a Granollers a pensar una exposición dedicada a Josep Uclésy mirar el archivo de Jordi Benito. Más tarde pasaré por la exposición de Gino Rubert, en la Galeria SendaAl día siguiente (risas) mañana, intentaré encerrarme y hacer de puente con el estudio de escritura. Hacer una investigación en torno Richard Hamiltony su relación con Cadaqués y con Marcel Duchamp. A la vez quiero revisar una vez allí las performances de la película Història de la meva mort, para mirar, a ver si este material residual de los diálogos se puede llegar a convertir en un material literario. Puede ser como muy interesante. Es un no parar…

Ll.B.: Vas muy fuerte…

V.A.: Yo creo que así hemos escenificado en tu entrevista los tres momentos, de donde vengo, como soy y cómo vivo. Y mucho rato leyendo.

Ll.B.: Leyendo y también creando. Te haré la última pregunta, si te parece: el hecho poético, la poesía, ¿como la vives? Por ejemplo: ¿eres un poeta que te vas a ver el mar, escribes a partir de los pensamientos, te recluyes, o …?

V.A.: Se manifesta.

Ll.B.: ¿Oyes la voz…?

V.A.: Te has de haber preparado mucho, lo mismo que un ingeniero que conoce la máquina y toda la mecánica, y entonces te viene de vez en cuando. Coge ella misma una forma que, entonces, claro, yo la voy trabajando un poco como un objeto. A veces un poema puede llegar a durar meses. La voy trabajando como una escultura; la poesía no es algo bidimensional, sino multidimensional. Tiene mucho un antes y un después, las palabras arrastran memoria, las descabeza, rompes el sentido, todo esto. Me gusta mucho la poesía y creo que es algo muy iniciático. A mí la vulgarización de la poesía no me dice nada, prefiero la poesía difícil, complicada, que con un poema te puedas pasar mucho tiempo, para leerlo o entenderlo, vivir dentro. También como una obra de arte. Yo creo mucho, ya sabes, con la cultura como una dificultad y como un reto. Y todo el mundo tiene derecho pero todos se debe explicar bien. El concepto mismo de la facilidad en la cultura es un disparate. Unas cosas son las causas nobles, y quiero considerarme una persona muy progresista y solidaria, para que todos todos tengan acceso al conocimiento. El mundo está muy mal hecho. Pero la poesía no es algo fácil. Ni el arte. Tampoco es un objeto de lujo. Es un objeto de lujo en el sentido profundo del conocimiento.

Guardo los utensilios, la cámara, el teléfono y dejo la casa de Vicenç Altaió, recorriendo, a la vez, mientras marcho, un pasillo físico de imágenes, objetos, hileras de libros que van del suelo al techo, en medio del cementerio de los recuerdos, la memoria vivida, que conforman experiencias de vida. Este magnífico anfitrión, traficante de ideas, ha sido desde siempre, un singular artífice de la vida cultural de nuestro país, que deja, como pocos creadores universales, una profunda huella y obra con las palabras, las acciones, los pensamientos, la poética y la transgresión, incluso, renovando el arte como sujeto moral. Siempre al acecho de la cultura, la investigación, la tecnología, el conocimiento…

Siempre el Arte. Un binomio inconfundible: Arte = Altaió.

Texto y fotografías: Lluís Bussé © 2014
Twitter: @ lluisbusse
E-mail: lluisbusse@gmail.com