Close-Up nº 11 : Patricia Caicedo | Cast

CLOSEUP n11 CAST

ENTREVISTA CLOSE-UP

Patricia Caicedo es un torbellino. Bajo su apariencia frágil, hay en ella la fuerza de las grandes divas, una personalidad magnética y un trato que roza la excelencia. Toca muchas teclas y suenan de maravilla. No en vano ha tenido de maestros de canto a figuras como Rocío Ríos, Alfredo Krauss, Maya Maiska, Jana Young, Marjorie Gordon, Beret Arcaya y Gilberto Escobar. Una personalidad única que los avispados cazatalentos pronto señalaron en el Who’s Who in America 2008 y Who’s Who in American Women 2010. Soprano, doctora en musicología, médica, fundadora y directora artística del Barcelona Festival of Song®, presidenta de Mundo Arts Inc. y directora de EYECatalunya.

Ll.B.: Me gustaría que me hablaras de tus orígenes. Llegaste hace algunos años de un país muy bello. ¿Qué formación tienes?

P.C.: Bueno, yo nací, en Ibagué. Una ciudad que es la capital de una provincia, se puede decir. Allá se llaman departamentos. La provincia es Tolima. Ibagué es conocida como la ciudad musical de Colombia, porque tiene un conservatorio que es muy antiguo y del que han salido muchos músicos. Nací en Ibagué, en el hogar de Jorge y Patricia. Jorge es arquitecto. Un hombre muy sensible, muy artístico. Es pintor, es fotógrafo como tú y es una persona que ama la música profundamente, en especial la música clásica. Bueno, ese es mi padre. Y mi madre, es Patricia, como yo.

Ll.B.: Sí…

P.C.: Es una mujer muy emprendedora, muy fuerte. Una empresaria. Ella también tiene un sentido artístico muy fuerte; es decoradora, la que manda en su propia empresa y trabaja mucho. Es una mujer con una energía muy muy fuerte. Entonces yo crecí en ese contraste. Mi padre un hombre que es calmadísimo, que medita, que está un poco en el cielo. Y mi madre que está apegada a la…

Ll.B.: Tierra.

P.C.: …a la tierra. ¡En la acción!

Ll.B.: Muy bien…

P.C.: Yo crecí un poco entre ese contraste. Empecé a estudiar música desde que tenía cinco años. Porque mi padre quería tener una hija pianista. A él le encanta Chopin, todos, la música. Entonces supongo que idealizo: “Una hija que tengo, mejor que aprenda a tocar el piano”. Así pues, a los cinco años, entré en el conservatorio. Y él (mi padre), era mi compañero de curso. Él se matriculó, de verdad…

Ll.B.: Sí, sí…

P.C.: Hizo conmigo Kinder Musical, preparatorio, primero…

Risas…

P.C.: Fuímos compañeros de clase. Le ponían notas. Entonces mi padre salía del trabajo y nos íbamos al conservatorio juntos. Salíamos al recreo, a hacer origami, y volvíamos a clase y hacíamos tareas juntos en casa. Y así fue mi infancia. Transcurrió entre el colegio por la mañana y por la tarde el conservatorio. Entonces, para mi lo normal desde la temprana infancia, fue asistir a los estudios académicos normales de un niño y hacer la música por la tarde. Era lo normal. Y ahí, en ese contexto crecí hasta los diez años, luego mi familia se mudo a Bogotá.

Ll.B.: Muy bien…

P.C.: Y en la capital de Colombia los estudios del conservatorio se truncaron pero yo continué con la música. Y cuando tenía como unos doce años una monja del colegio descubrió que yo tenía voz.

Ll.B.: Ah, qué bien…

P.C.: Y ese fue un gran descubrimiento porque yo era una niña muy tímida y el hecho de poder hacer algo bien con la voz me dio mucha seguridad en mi misma y me abrió muchas puertas. Porque a raíz de descubrir que tenía voz me abrió un camino que era la solista del coro del colegio, la que representaba el colegio… Así pues, la música fue una gran herramienta para la integración social. Y también para ser feliz.

Ll.B.: Claro…

P.C.: Para darme felicidad. Cuando tenía dieciséis años empecé a estudiar en la universidad. Era la más joven de mi curso.

Ll.B.: Muy bien…

P.C.: Y empecé la carrera de medicina.

Ll.B.: ¡Es cierto! Porque eres doctora. Yo leo tu biografía y me quedo de pasta de moniato, que decimos por aquí. Me quedo sorprendido. Pero qué capacidad, qué interesante…

P.C.: No, yo creo que esa capacidad que la gente dice: “Pero, ¿cómo haces tantas cosas?”, se gestó en la temprana infancia, cuando ya de muy niña era lo normal para mí ir a colegio como todos los niños pero también estudiar la música. Es decir, siempre me acostumbré. Ya me entrenaron a manejar varios espacios que aparentemente no se conectan, pero para mí eso siempre fue lo normal. Eso se lo debo a la música…

Ll.B.: Si…

P.C.: Como un tipo de plasticidad cerebral, que está demostrado desde la neurobiología, que la música contribuye a que los niños que tienen contacto con ella desarrollen áreas del cerebro que los niños que no tienen contacto con ella no desarrollan. Entonces yo estoy muy agradecida con mis padres. Como te decía empecé la medicina a los dieciséis años y la terminé a los veintitrés.

Ll.B.: Perfecto…

P.C.: Durante mis estudios de medicina no podía estudiar en el conservatorio.

Ll.B.: Claro…

P.C.: Eso sí, seguía cantando en el coro de la universidad. Y era la presidente del… (risas) Bueno no era la directora del coro, porque el director era un señor que era el director, pero yo era la presidenta. Quiere decir que yo conseguía los bolos.

Ll.B.: Los conciertos, las giras…

P.C.: Organizaba las giras, toda la parte del dinero, como un poco de gestión, de manager del coro… Lo hacía yo desde muy jovencita. Era la menor en todas partes… (risas). Y eso. Luego terminé a los veintitrés años. Y en Colombia, por ley, los médicos tienen que hacer un año que se llama servicio social obligatorio. Un año de práctica rural. Yo me fui por allá a un pueblo a orillas del río Magdalena…

Ll.B.: Si­…

P.C.: Un pueblo que ni siquiera tenía puente para atravesar. Se cruzaba el río en un planchón, algo así como un ferrie. Y allá, bueno, es como otro mundo. Es como decir, si yo te cuento eso es como si fuera otra vida. Intemporal. Anacrónico todo aquello. Y allí estuve de médico, pero luego, después de un año, me fui a vivir a Ibagué para ejercer la medicina y entré al conservatorio.

Ll.B.: Ah, muy bien…

P.C.: A estudiar canto, pensando yo que sería mi hobbie. Porque yo quería ser neuro-psiquiatra. Mi formación había sido muy orientada hacia el área de la psiquiatría. Pero ya en la música me empezó a ir bien, bien. Y a ¡hacerme feliz!

Ll.B.: Claro.

P.C.: Al poco tiempo canté con la orquesta sinfónica. Tuve una maestra que fue muy importante para mí: Rocío Ríos. Fue un ejemplo.

Ll.B.: Maestra de canto, ¿no?

P.C.: si, pero sobretodo maestra de vida.

Ll.B.: Que bien…

P.C.: Ha sido mi maestra más importante. Era muy exigente. Yo he crecido también en ambientes donde se exigido de mí desde el punto de vista académico, desde todos los puntos de vista. Mi madre, por ejemplo, no permitía la mediocridad. “No es posible”, decía. “¡No!, tú tienes que dar lo mejor de ti todo el tiempo”, añadía.

Ll.B.: Muy bien.

P.C.: Un poco duro en algunos momentos, pero también lo agradezco.

Ll.B.: ¡Y tanto!… Una pregunta: ¿Cómo decidiste hacerte cantante?

P.C.: Yo ya era cantante, es decir, empírica, cuando Dios me puso la voz desde los doce años. Ya estaba en los escenarios: concursos, cosas… Pero, llegó un momento en que sentí que la música necesitaba más espacio en mi vida y además mi maestra me impulso mucho y me dijo: “Tienes un talento y puedes dedicarte a esto pero has de saber que es un camino incierto y que exige mucho esfuerzo…”

Ll.B.: Mucha dedicación…

P.C.: “…Y hay mucha competencia. Y yo creo que ya te enseñé todo lo que te podía enseñar. Ahora tienes que irte a otra parte. A buscar…”. Una maestra muy generosa, también. “…a buscar otros espacios y aprender otras cosas. Y, ¡a ver si puedes!, ¡inténtalo!”. Entonces yo tomé esa decisión ya cuando tenía veintiocho años. La decisión de cambiar de identidad y de vida. Obviamente fue un proceso. Ese cambio está conectado con la decisión de venir a vivir a Barcelona.

Ll.B.: Muy bien…

P.C.: El hecho de venir fue un paso necesario en el proceso de cambiar de identidad. Cambiar de continente implicaba un cambio profesional pero sobre todo un cambio personal, ante mis propios ojos. Y decir: “Voy a empezar la vida como cantante y aprender cómo vive una cantante, qué hace, cómo se gana la vida…”. Todo.

Ll.B.: Si.

P.C.: Cómo lucha para sobrevivir…

Ll.B.: Claro.

P.C.: ¡Cómo sobrevive! (risas) Y entonces, así fue. Vine en el año noventa y ocho a vivir a Barcelona, a estudiar con una maestra y a vivir la vida de cantante. A buscar mi camino en el arte.

Ll.B.: Luego, viajaste, hiciste giras fuera. Y esto te cambio un poco la forma de ver y entender la comunicación, ¿verdad?

P.C.: Ese es un salto grande. Claro. El primer cambio que influyó en mi forma de ver la vida, fue el venir a vivir aquí. Llegar sola, sin conocer a nadie. Y de repente tú te vuelves como invisible. Tu eres en referencia a los otros, si los otros te reconocen. Y eres visto por los otros y en ellos te reflejas. Pero cuando llegas a un lugar en donde nadie te ve, porque no tienes espejos en los cuales reflejarte, pues es un proceso muy duro también de autoconocimiento. Valoras lo que tienes. Las raíces que tienes. Ves el espacio interior desde lejos…

Patricia Caicedo parece buscar en su memoria aquella sensación de soledad interior que la acompañó los primeros meses en Barcelona. Una experiencia dura, añadida a la lucha por ser alguien en la música, trabajar, sobrevivir… Integración… etcétera.

P.C.: …Pones distancia. ¡Y ves las cosas diferente! Luego de aquí marché a los Estados Unidos, tres años. Buscando, inicialmente, cómo escribe un cantante, cómo es esa vida… Hasta que llego el momento, te estoy hablando del dos mil cuatro, dos mil cinco, cuando empecé a hacer muchos conciertos, en Estados Unidos, especialmente, y aquí. Pero más en Estados Unidos. Y todo este mundo, de los conciertos y del canto, además de la actividad también académica, se abrió, porque descubrí tempranamente que tenía una misión. Una misión muy clara, que era, dentro de la música, dar a conocer el repertorio vocal de los compositores latinoamericanos e ibéricos que no están dentro de los curricula universitarios, en ninguna parte del mundo occidental.

Asiento con la cabeza, mientras añade:

P.C.: …Y era un repertorio que unía mis dos pasiones, mis dos amores, que eran: la música folklórica, la que crecí cantando, y la música clásica, que crecí escuchando y luego estudiando. Al parecer eran dos mundos desconectados. En ningún conservatorio occidental, hoy en día, está la música folklórica incluida dentro de los curricula. Porque seguimos anclados en unos modelos eurocéntricos en donde Italia, Francia y Alemania son el centro del mundo musical, clásico…

Ll.B.: Sí; es verdad…

P.C.: Entonces yo, primero, eché a faltar esa música que había crecido cantando. Y luego gracias a esta maestra descubrí, unas obras… Los primeros fueron (Alberto) Ginastera y Guastavino, compositores argentinos, que compusieron lieder en el momento del nacionalismo musical, un momento en que se unieron los dos mundos, pues utilizaban elementos folklóricos y lenguaje “clásico”. Como hizo Falla aquí por ejemplo, como hizo Granados

Ll.B.: Si…

P.C.: Entonces, descubrí ese repertorio, vi que no se conocía, había un vacío y era lo que me gustaba cantar Me dije; “Esto es lo que yo tengo que hacer”. Aunque fuera en contra de todo el mundo. Los cantantes que conocía, gente establecida, me decían: “Tú primero haz una carrera cantando ópera y después cantas lo que quieras. ¿Ves a Plácido Domingo?, ¿ves a nosequién…?” (Risas). Pero no, yo fui directamente a lo que consideré que debía hacer. Descubrí un círculo vicioso que mantenía ese repertorio en la oscuridad. Uno, el hecho que no se valora en los propios países por estar mirando en el “centro” de la cultura. Si no se valora no se publica, si no se publica no se canta y cae en el desconocimiento…

Ll.B.: Claro.

P.C.: Entonces pensé que había que investigar, encontrar quienes son los compositores, publicar sus obras, cantarlas, grabarlas y luego enseñarlas. Así pues empecé de manera natural, primero a buscar las canciones, me convertí en un detective de canciones. Era muy difícil encontrar una partitura inicialmente. Luego, al encontrarlas, después de unos años, me dije: “Hay que hacer un libro, porque sino la gente no podrá conocer las canciones”. Hice un primer libro que se publicó aquí en Barcelona en el dos mil cinco. Grabé unos discos en el dos mil uno, dos mil dos, con este repertorio.

Ll.B.: Muy bien…

P.C.: Y luego los libros me abrieron las puertas en las universidades de Estados Unidos para ir como profesora y artista visitante. Así empecé a viajar mucho. Y tú me preguntas “¿por qué?”. Viajar a cantar y enseñar, conectado con ese repertorio que es mi pasión, que inicialmente era sólo en castellano, pero con el tiempo, y porque el área cultural y geográfica que abarco incluye el portugués, el Brasil; y el catalán, porque vivo aquí y amo esta cultura y esta lengua. Hoy en día las lenguas en las que yo me especializo, en mi repertorio, desde el punto de vista como cantante, como musicóloga que estudió el repertorio iberoamericano en estas tres lenguas. Y sigo dando conciertos y viajando en conexión con este repertorio, con esta misión. Y esta misión me llevó, finalmente, a cerrar el círculo virtuoso, creando el Festival, el Barcelona Festival of Song®.

Ll.B.: Aprovechando que hablas del Festival, ¿tienes una productora, dos…? Explícame cómo ha surgido tu implicación tecnológica: EYECatalunya, tus páginas web, las plataformas digitales, la infinidad de seguidores que te siguen.

P.C.: Lo que pasa es que, justamente por tener pocos recursos. Cuando me vine, llegué sin becas, sin nada, sino con mis ahorrillos. No tenía los recursos para un disco. Entonces en el año dos mil cinco, cuando el crowdfunding no existía, como concepto, hice un crowdfunding escribiendo cartas a la gente que ya había comprado el primer disco, explicándoles el proyecto tarará, y que ellos pagaron el disco por adelantado…

Ll.B.: ¡Qué lista!

P.C.: El no tener los recursos, te hace, ser creativo y buscarte la vida. Mirar la manera de hacer las cosas de una manera diferente. Entonces, por ejemplo, para hacer mis discos, o mis libros, o mis cosas, si no tenía los recursos, los inventaba. Además había un problema. Si iba a un agente, de cantantes clásicos, a decirle: “Mira, cógeme, yo soy, canto esto…”. Me respondía: “Mejor vete a consultar a un agente de world music “. Y si iba al de world, me decía: “Vete al agente de Música clásica”. Entonces no había espacio porque el mío es un repertorio que nadie o muy poca gente conoce y que está en el medio”. Decidí entonces volverme mi agente, decidí después que una editorial me publicase el primer libro y aprender como se hacia, decidía volverme mi propia editorial, mi propia discográfica, crear el Festival yo misma. Y pensé: “Si no existe, yo lo hago”. ¿Comprendes?

Ll.B.: Sí.

P.C.: Naturalmente se ha ido desarrollando todo. En el Internet me metí muy temprano, allá como en el año 2.000. Cuando empezaron las páginas web: noventa y nueve, yo quería una página web, y no tenía cómo pagar a una persona que me la hiciera. En esta época además era…

Ll.B.: Carísimo…

P.C.: Lo tenía Coca-Cola y…

Ll.B.: Poco más… (risas)

P.C.: Entonces compré un libro y aprendí a hacer páginas web. Hice mi primera web, después la segunda. Hice webs a otras personas y me familiaricé con Internet. Todo eso naturalmente se ha ido organizando en un proceso muy orgánico que me ha traído a lo que estoy haciendo ahora, que es este proyecto de Internet, EYECatalunya: una plataforma para promover a los creadores que creamos desde Cataluña, utilizando Internet. Aquí se están poniendo en juego muchas cosas de mi propia vida. Uno: el conocimiento de Internet, y la constatación de su importancia, de la necesidad, de estar metidos en este mundo. No podemos evadirnos de él. Dos: un sentimiento que tuve, por mucho tiempo, cuando yo vivía aquí y creaba desde aquí pero mi trabajo no era visto. No buscaba el reconocimiento público, ni el ego. Sino que el trabajo no era visto por la gente de aquí ni asimilado como algo propio.

Ll.B.: Si…

P.C.: Y pensé que debían haber otras personas…

Ll.B.: …que se encontraban en la misma situación.

P.C.: También un momento en el que me encontraba sola. Sola de personas que me inspiraran. ¿Sabes? Yo quiero siempre estar rodeada de gente que me inspire. Gente de la que yo pueda aprender. Aprender de la gente.

Ll.B.: Claro.

P.C.: Y entonces me pregunté: “¿Qué puedo yo hacer para encontrar a esa gente?”. Y así creé un espacio para que muchas personas creativas dieran a conocer su trabajo. Ahí se me ocurrió hacer esta plataforma que incorpora la web y la movilidad.

Ll.B.: Muy bien…

P.C.: Y el streaming. Y la interactividad. Entonces la gente que se conecta el día del programa, puede conocer a los tres creadores invitados, gente de diferentes áreas. Además la intención es la interdisciplinariedad. Porque a mí me parecía un absurdo compartamentalizar el conocimiento, pues en mi propia vida, por ejemplo, cuando me preguntan: “Tú qué haces?”, pienso: “¿Qué digo?, ¿qué soy?, ¿a qué me dedico? Soy cantante…” (risas). “…soy musicólogo, soy médico, trabajo en temas de comunicación…”. Bueno, yo soy todas esas cosas. Entonces el espacio que se debía crear tendría que ser un espacio transversal.

Ll.B.: Claro.

P.C.: Que abrazara a gente de todas las áreas, porque al final todo está conectado. Entonces invito a tres creadores de diferentes áreas para que cuenten su trabajo en este espacio real pero también virtual. Porque se hace un streaming, permitiendo que gente de todo el mundo pueda verlo. Se hace con traducción simultánea al inglés para que gente de todo el mundo lo entienda y no se limite al mundo hispánico y catalán. Al final, el inglés es la lengua del Imperio…

Ll.B.: Si.

P.C.: Y permite que la gente que esté conectada interactúe.

Ll.B.: Participe.

P.C.: Si, es un proyecto enmarcado dentro del nuevo paradigma de Internet que implica interactividad… en lugar de compartir información pasivamente interactuamos, es como un milagro. Ahí surgió el proyecto de EYECatalunya que me tiene super emocionada.

Ll.B.: Además se emite desde el Arts Santa Mònica, ¿no?

P.C.: Sí. Eso ha sido una cosa maravillosa porque la idea resonó, fue aceptada, por la gente de la Generalitat de Catalunya…

Ll.B.: Muy bien.

P.C.: …del Departament de Cultura. Ha sido maravilloso. Porque da mucha más…

Ll.B.: Visibilidad.

P.C.: Y también valida la misión misma, es decir, reconocer desde ese espacio que todos los que creamos desde aquí somos creadores catalanes. Todos los creadores de aquí, sin importar si somos de Vic o de Hong Kong. ¿Sabes? Es un espacio de integración, en las disciplinas y desde el punto de vista social, cultural. Y también en el mundo global en que estamos.

Ll.B.: Muy bien. Te había pedido que trajeras un objeto. Finalmente escogiste uno, pero tenías otro en reserva. Cuéntame un poco.

P.C.: Pues el primer objeto que pensé, que vino a mi mente, fue una partitura, claro. Yo estoy entre partituras. Y la música ha sido y será siempre mi mejor compañera. Pero pensé: “Pero, ¿cómo llevo una partitura si el objeto que últimamente tengo más en las manos y que comunica con el mundo, que al final el leitmotiv de todas las actividades que yo hago es la comunicación. Es el móvil”. Internet.

Ll.B.: Claro.

P.C.: Entonces yo dije, “Sí claro, es más poético tener una partitura”.

(Risas).

P.C.: …¡Más lindo!

Ll.B.: Sí…

P.C.: Pero, el móvil también hablaría mucho de lo que yo soy y de lo que yo hago. Y de la proyección que le quiero dar a todas las acciones que yo emprendo.

Ll.B.: Perfecto. ¿Tienes algún proyecto a la vista del que quieras comentar algo?, ¿actividades en preparación? Seguro que estáis, aparte de las emisiones de EYECatalunya, que seguramente te roba las veinticuatro horas del día porque es un trabajo increíble.

P.C.: Un trabajo muy grande. Es un trabajo porque yo me dí cuenta, porque tú me dijiste, y otra gente me dijo, que lo que estaba haciendo era una productora. Yo no sabía que eso era una productora. Yo fui haciendo naturalmente lo que necesitaba.

Ll.B.: Sí…

P.C.: Ahora sé que eso es una productora.

Ll.B.: Claro, porque haces muchas tareas…

P.C.: Sí. Más proyectos: Barcelona Festival of Song®, que este año llega, a su ¡décima edición!

Ll.B.: ¡Felicidades!

P.C.: ¡Es un milagro! Se ha hecho posible gracias a la ayuda de mucha gente. Yo creo que mi misión en este festival que ha surgido sin presupuesto. Y que nunca ha tenido una subvención pero sí el apoyo de muchas instituciones, en especies, pero…

Ll.B.: Bien.

P.C.: …nunca una subvención dineraria. Ha sido posible porque mi labor ahí es como tirar de un carro de gente. Es decir, convencerles de que este proyecto vale la pena, animarlos a que colaboren y mantener viva la llama. ¡Y yo les animo! (risas)… Pero sin ellos sería imposible. Entonces este año llegamos a la décima edición. Cada año el festival comisiona la composición de nuevos ciclos de canciones. Durante el festival se hacen nueve conciertos y un curso que dura diez días dedicado al estudio de la historia y la interpretación del repertorio vocal latinoamericano, en catalán y en portugués. Tengo conciertos también en Alemania, en Barcelona, conferencias, clases…

Ll.B.: ¡Genial!

P.C.: Hasta Julio, donde pasan todas estas cosas. Y tengo otro proyecto que lo empezaré a partir de agosto, que es cuando…

Ll.B.: …Descansas un poco.

P.C.: Descanso, pero no descanso.

(Risas).

P.C.: …no sé si sabes que en el dos mil dieciséis se conmemora la muerte de Enrique Granados, los cien años. Y entonces, un gran amigo mío, colega, el doctor Walter Aaron Clark, profesor de la universidad de California, que es el mayor experto que hay en la obra de Granados, escribió una linda biografía que se llama: “Enrique Granados: poet of the piano“. Pero es en inglés. Recibió diferentes premios, por ejemplo: The American Musicology Society, premió su libro como el mejor del año.

Ll.B.: ¡Vaya!

P.C.: No está en castellano. Entonces Walter me pidió que se lo tradujera.

Ll.B.: Ah, mira… Fantástico.

P.C.: Pienso hacerlo entre agosto y septiembre, será la primera vez que haga un trabajo profesional de traducción, preparándonos para celebrar el aniversario de Granados. De aquí a agosto. Pero hay hasta diciembre y sigue. Conciertos…

Ll.B.: Muy bien. Creo que ya estamos. ¿Algo más?

P.C.: No; ¡ya está!

Recogemos y salimos fuera. Me hace gracia lo que comentó Patricia Caicedo durante la entrevista acerca de los espejos, sobre la necesidad de reflejarse para ser visto. Parece claro que sí, la soprano, musicóloga, profesora, comunicadora y productora, no únicamente refleja a la perfección su labor en los distintos ámbitos, sino que además, yo casi diría que se ha convertido ella en un espejo donde otros se reflejan para ser vistos. Una doble vuelta de tuerca ha sido hacerle la fotografía del retrato reflejada en un techo cubierto de espejos. Patricia aparece con los brazos abiertos y una amplia sonrisa. Es ella, Patricia Caicedo, más allá del reflejo que llega hasta nosotros a través de la foto. Gracias por tu enorme trabajo. Un consejo: Síganla, naveguen por su página personal, vayan a un recital suyo, intervengan en EYECatalunya o asistan a uno de los próximos conciertos de la décima edición del Barcelona Festival of Song®.

Texto y fotografías: Lluís Bussé © 2014
Twitter: @lluisbusse
E-mail: lluisbusse@gmail.com