Close-Up nº 10 : Vicenç Viaplana | Cast

CLOSEUP n10 CAST
ENTREVISTA CLOSE-UP

Hemos terminado de hacer las fotografías. Las más espectaculares han sido las de las fuentes de Montjuic, con el artista Vicenç Viaplana en primer término, como protagonista absoluto. El agua parecía fundirse con las nubes blanquecinas del cielo, y la verdad, estoy bastante contento. Ahora estamos en el CaixaFòrum, en una terraza interior. Ya lo tengo todo preparado para comenzar la entrevista.

Ll.B.: Me gustaría conocer tu trayectoria, a grandes rasgos. Has hecho muchas exposiciones: colectivas, individuales, como la que acaba de verse en la Galeria Carles Taché. Nacido en Granollers, eres un creador incansable. Cuéntame tu recorrido, hasta el día de hoy.

V.V.: Veamos, intentaré hacer un poco de síntesis. Nací en Granollers y nací, también artísticamente, en Granollers con el movimiento conceptual que hubo a principios de los años setenta. Granollers fue la ciudad donde se hizo la primera exposición de arte conceptual en Cataluña. Yo era muy joven y fue todo un descubrimiento. Debería tener dieciséis o diecisiete años. Entonces, a partir de ese momento, con un par de amigos de la calle, empezamos a experimentar el tema conceptual. O sea: montando instalaciones, haciendo happenings, y experimentos de todo tipo, que era lo que tocaba en aquellos años, ¿no? Expuse en Barcelona por primera vez, cuando tenía veinte años, en la Galería Ciento, de Consejo de Ciento, la galería de Marisa. Entonces, un día, coincidiendo que hacía la exposición, fui a ver a Joan Brossa.

Ll.B.: ¡Ah, muy bien…!

V.V.: …que tenía el estudio, si no recuerdo mal, en Travesera (de Gracia) con Balmes. Bueno, su estudio, la verdad es que me impresionó. Era un estudio caótico, con un dedo de polvo por todas partes, él estaba en el fondo de todo, sentado delante de una mesa orientada hacia el exterior, hacia la luz que le entraba por la ventana, o sea, de espaldas al resto del estudio… (reímos). Era una tarde, con una luz rasante que entraba de contraluz y hacía visibles las partículas de polvo que flotaban en el ambiente. Le iba a enseñar una serie de obras como las que tenía expuestas en ese momento en la Galería Ciento. Una carpeta. ¡Y le gustó mucho, la verdad! Fue muy amable. Y me escribió una recomendación en un papelito, para que fuera a ver de su parte a un galerista muy importante que en aquellos años había en Barcelona. Pero, cosas de la vida, en ese momento coincidió que aterrizó por el estudio alguien más. El estudio tenía la puerta siempre abierta… Quiero decir, aquello… —Vicenç mueve las manos para explicar un poco el desorden y las posibilidades de encontrarte en ese lugar desconocido con cualquier sorpresa. La situación algo cómica, nos hace reír. Una vez sosegados, continúa:

V.V.: …Y de repente apareció Manel Valls, que en aquel momento tenía la Galería G de Barcelona. Era el joven director de la Galería G. El propietario era Agustín Coll. Que murió no hace mucho.

Ll.B.: Vaya…

V.V.: La Galería G, reunió, en ese momento en gran parte los artistas conceptuales del momento. Fue una experiencia que duró pocos años. Pero, yo la considero vital para entender la historia artística contemporánea de Barcelona, ¿no? Manel, entonces, dijo: “No, no. No vayas aquí (en referencia a la afamada galería que acababa de recomendarme Brossa). Quédate en mi proyecto porque me interesa mucho también lo que haces “. Y Brossa exclamó: “¡Sí, aún mejor!”. Y así pasé a formar parte de la nómina de artistas de la Galería G… Bueno, nómina, es una exageración, porque allí nadie cobraba… (reímos). Fueron unos años sobre todo muy divertidos. Pura subversión artística. Muy interesante… Finalmente terminó con una exposición titulada “Muermos”. Que quería ser el punto y final a la práctica conceptual de aquellos años, al menos para grupo que tuvimos la idea de hacer la exposición: Fernando Mejias, Jordi Benito, Manel Valls, Ferran Garcia Sevilla y yo. Entonces vino un post-conceptual, etcétera… En aquellos años el conceptual estaba naufragando en un mar de discusiones infinitas. Discusiones que no acababan nunca. Incluso discusiones que bloqueaban la propia práctica artística. Es decir, aquellos excesos de teoría que a menudo aniquilan las vanguardias, cuando el discurso se vuelve paralizante. Y fue así como, algunos de aquellos de artistas, reunidos en “Muermos”, estábamos dispuestos a recuperar la pintura. Dijimos: “Recuperemos la pintura”. Era una salida irónica. No es que nos interesara mucho la pintura, de hecho, ahora que lo pienso, pero sí que había que recuperar la pulsión creativa. Y salir de aquel grotesco exceso de teoría y razonamiento, ¿verdad? Y desde entonces he ido pintando, fotografiando, instalando y desinstalando, accionando y desaccionando

Ll.B.: ¡Por todo el mundo! Ya he visto tu curriculum. ¡Impresiona!

V.V.: No sé si impresiona… La verdad es que he estado en muchos lugares. He pasado, entre otros, por la Ciento, por la Galeria (Fernando) Alcolea, estuve en la galeria que Fernando también tenía en Nueva York, pasé por Bruno Facchetti, en Barcelona por la Antonio Barnola (Galeria Antonio de Barnola), y últimamente trabajo con la  Carles Taché. En muchos lugares… pintando por un lado, y manteniendo también, este tipo de práctica extra-pictórica. La acción de pintar es sólo una pequeña parte de un gran proceso creativo, muchas veces sólo mental. Y el resultado final da lo mismo que sea pintado o con la fotografía, con el vídeo, como con un escrito. Porque claro, mi procedencia es la que es. Incluso el tipo de pintura, pienso yo, es la que es. Una pintura que nace a partir de la práctica, la reflexión y la ironía conceptual, no del academicismo pictórico. De hecho esta es una exposición pendiente, ¿no? Hay pintores, que no han pasado por el rasero de la experiencia conceptual, y otros que sí. Una pintura post-conceptual y otra que ha seguido un camino más tradicional. Aquí hay una gran diferencia…

Ll.B.: …Abismal

V.V.: …abismal. Pienso que hay una diferencia abismal y curiosamente es un tema que no he visto nunca tratado en profundidad, en serio. Y es un fenómeno que no es, lógicamente, sólo barcelonés. Es un hecho universal. Desconozco si ha habido exposiciones que lo han tocado fuera de aquí. En Barcelona, yo diría que no. Bueno, en resumen, esto es un poco lo que me habías preguntado.

Ll.B.: Sí, muy bien. Quisiera que me hablaras de la exposición que acabas de hacer en la Galeria Carles Taché. Yo la fui a ver y me gustó mucho. Tenía un componente orgánico misterioso. Trabajas muy a menudo con colas y pigmentos. Explica un poco tu investigación con los materiales, los elementos…

V.V.: Seguramente, hay temas que llevamos gestando durante mucho tiempo sin darnos cuenta de ello. Forman parte de procesos que cuando llegan a la conciencia ya llevan una trayectoria inconsciente bastante importante. El verano de 2013 empecé a pintar unas pequeñas obras sobre madera, al aire libre, muy cerca del Montseny. Concretamente en Cànoves. De hecho, empecé a pintarlas sin ninguna idea previa. Absolutamente en blanco, a partir del vacío…

Ll.B.: ¿Sin ninguna idea preconcebida?

V.V.: Sin la más mínima idea preconcebida. Y, como acabo de comentar, hay procesos inconscientes que desconocemos y que parece que en un momento determinado sólo hay que abrirles la puerta, ¿no? Porque, una vez puesto en materia, el proceso fue fluyendo a chorro!

Ll.B.: Fue, quizás, un predisposición interior, donde te dijiste, no sé, por ejemplo: “Estoy preparado porque noto que me está sucediendo algo dentro…?”

V.V.: ¡Exacto! Iba cargado de algo que desconocía. Un día se me ocurre una frase: “No sé hacia donde quiero ir, hasta que no empiezo a caminar”. Era como un intento por explicarme el proceso. Y también es parte de mi método. Necesito ponerme en marcha para saber hacia dónde quiero ir. Y fue así. Dejar hacer. Al terminar un (cuadro), empalmaba con otro, y otro y otro… Iban apareciendo, sin parar. Hasta que llegó un momento que entendí que se había acabado. Es increíble pero a veces los procesos creativos son misteriosos y fascinantes, a la vez. No lo sé. Seguramente, seguramente, a lo largo de la vida, a veces sólo con la mirada acabamos seleccionando detalles, cosas, momentos, situaciones, etcétera, etcétera. Y en un momento determinado, en otro tiempo, en otro lugar y con la predisposición adecuada, todo ello, todo este proceso, termina sintetizado en una obra determinada, ¿no?  Yo prefiero creer que es así y me divierte pensar que es así. ¡Esta irracionalidad me apasiona! Estamos en un momento donde la obra está, yo creo que excesivamente racionalizada. Esta necesidad de encontrar una explicación, hasta el último detalle, de cualquier cosa creativa, a veces es un poco, bueno, yo creo que contradictorio, irreal también, casi una fantasía. Y esconde quizás un miedo, ancestral, a lo más incontrolable que forma parte de toda pulsión creativa. Precisamente uno de los componentes inseparables del arte es que es un proceso que no pasa, que no se elabora, a partir de la razón.

Ll.B.: Tienes razón…

V.V.: Entonces, no. Ya no quise entrar en más análisis.

Ll.B.: Desde fuera, como espectador, encontré tu exposición muy fresca, muy vital. Orgánica. ¡Me sorprendió! Respira mucha vida. Mucho optimismo, también. Aunque había un tratamiento del color diferente, y este contraste, me sorprendió. ¡Favorablemente, quiero decir! Y además, esto que comentas, ¡me encanta! Me refiero al hecho de confiar en tu intuición y soltarte. Otros artistas quizás al manchar la primera tela, se lo repiensan. Entonces van tirando del hilo de la razón. Abandonan la capacidad de ponerse a prueba. Esto es muy bueno en tu caso. Y creo que hay una especie de señal o rastro que llega hasta el espectador con mucha inmediatez y sinceridad. ¿Tienes algunos proyectos abiertos, después de la resaca de la exposición? Un éxito indiscutible de crítica y público.

V.V.: Me gusta tener siempre muchos proyectos abiertos. Proyectos de veces que son absolutamente insólitos, contradictorios o que no tienen aparentemente ningún vínculo, demasiado claro, entre uno y otro. Pero son líneas iniciadas que las voy trabajando. A menudo las guardo en libretas, con imágenes, fotografías, anotaciones, ejercicios de escritura, que no sé dónde me llevarán… Y también, claro, en el estudio, he ido siguiendo con la línea ésta que comenzó este verano, que se expuso en la Galeria Carles Taché. Porque ha habido una serie de cuadros post-exposición. Una exposición siempre te ayuda a aprender mucho, ¿no? O sea, cuando tú ves la obra expuesta también la ves diferente de cuando la tenías en el estudio, cuando estabas trabajando en medio del proceso creativo. A veces es una fase de aprendizaje importantísima.

Ll.B.: Sí… Te había pedido que llevaras un objeto para la fotografía de las manos ¿Qué has elegido?

V.V.: He elegido el estuche de un carrete fotográfico, que he reciclado y uso de monedero.

Ll.B.: ¡Muy bien!

V.V.: Me encanta el diseño. La tapa… —la abre con gran satisfacción y la devuelve a su lugar—que presionando ligeramente queda tan bien cerrada. Es perfecto. También me recuerda la fascinación que había al terminar un carrete y lo guardabas en el estuche.

Ll.B.: ¡Y tenías que llevarlo a revelar!… (Reímos)

V.V.: Con el misterio este de no saber qué acabaría saliendo. Mira, siempre había conservado algunos, porque ahora ya no uso, pero un día se me ocurrió reciclarlos como monedero

Ll.B.: Funciona bien, ¿verdad?

V.V.: Sí… Como diseño de monedero es genial.

Ll.B.: Muy bonito. Perfecto. Te quería preguntar, desde tu perspectiva, cómo ves el momento tecnológico y el papel del artista en relación con el mundo actual, el arte de hoy. ¿Hay que estar presente, visible, dentro de la red? El papel del creador ha cambiado.

V.V.: Sí, según cómo, parece que estemos al final de un ciclo. En un momento donde tanto los canales de comercialización, como el trabajo del propio artista, el papel dentro de la sociedad, etcétera, han tocado fondo. Pienso que también han tocado fondo, en la forma de… como te lo diría ahora esto… Durante muchos años también ha habido un arte oficial, y también una cultura oficial, y otro arte que ha estado en la calle. Este arte oficial es el que ha sido soportado por las subvenciones, y de alguna manera, pienso que ahora también ha entrado en crisis. Y en cierta decadencia, ¿no? Yo creo que las crisis siempre son muy interesantes. En muchos aspectos. Creativamente son muy interesantes y también porque se está dando un fenómeno curioso: parece que hay una necesidad dentro del propio mundo artístico de reencontrarse. Entre los propios artistas. En otras épocas todo el mundo ha trabajado mucho individualmente. O sea, cada uno en su estudio. Cada uno en su galería. Con trayectorias donde no habían puntos de encuentro. Y ahora, últimamente, parece que existe la necesidad de crear un espacio común. Otro punto interesante es la recuperación de la voz. El artistas durante mucho tiempo hemos renunciado a tener voz propia, a contarnos. Es como si nos hubiéramos vuelto mudo . Durante muchos años hemos delegado nuestra voz intermediarios supuestamente más dotados intelectualmente. Quizás porque el sistema nos abocaba a que las cosas fueran de esta manera. Yo creo que es muy interesante recuperar la voz del artista. Recuperar la iniciativa en este sentido. La intermediación, apenas ha conducido a nada, no ha servido para explicar, ni informar, ni a veces ni para analizar lo que estaba ocurriendo, ha servido sólo para añadir ruido. Con este sistema escolástico y jerarquizado, el arte se ha ido distanciando, creando un entorno aburrido y pedante, banal y con frecuencia grotesco. No ha sabido explicarse bien, quizás porque en muchos casos no había gran cosa que decir, y usando un lenguaje críptico y teorías insustanciales, se ha ido cerrando y cerrando en mismo. La critica, en cambio, prácticamente desaparecido y eso es lamentable. Además comisariado, además arte comisariado, menos critica. Por eso me parece muy interesante, que finalmente haya caído en decadenciaPor un lado, existe esta decadencia del mundo artístico convencional. Esta cosa que no sabemos dónde nos llevará. Es muy probable que dentro de unos años el panorama sea absolutamente diferente. También hay que añadir que las nuevas tecnologías abren nuevos caminos que de momento no se han acabado de consolidar. Y podría ser que establecieran un horizonte nuevo, en este sentido.

Ll.B.: Ahora una pregunta al respecto: estos cambios globales, han afectado nuestra percepción y comprensión visual, es decir, la lectura que hacemos de las imágenes. ¿Nos encontramos afectados por este exceso de información?, ¿encuentras algún cambio o es más bien algo que no te preocupa?

V.V.: El exceso de información, la gran cantidad de imágenes que tenemos ahora puede producir de rebote un fenómeno curioso, interesante, que es la recuperación de la visión no virtual de la obra. O sea, yo creo que el rebote que habrá, será precisamente recuperar el hecho y las ganas de ir a una galería o ir a un museo. De ver presencialmente, físicamente, la obra.

Ll.B.: Ir a las galerías, los museos

V.V.: Sí; las galerías se volverán a llenar. Ahora estamos en el fenómeno aún de subida de esta expectativa virtual. Y de este exceso, en los dos sentidos… (reímos). Exceso en el gran banco de imágenes, global, universal, etcétera. Esto llegará a un techo y el rebote probablemente será recuperar ese contacto físico con el objeto, ¿no Y aquí, tanto en la fotografía como en la pintura, básicamente, revisitaremos esta cosa tan primitiva, tan primitiva como es la pintura. No lo digo en el sentido de establecer una reivindicación anacrónica de la pintura. Hay tendencias que reivindican anacrónicamente la pintura. A mí, eso, me da igual. Yo pienso que el artista se expresa como quiere y, la mayoría de veces, como puede. Y según cómo, elabora cada idea con la herramienta que considera más oportuna. Pero también considero absurda la posición contraria Y este también es un fenómeno muy barcelonés. De pensar que la pintura es un anacronismo en mismo.

Ll.B.: Muerto…

V.V.: Eso mismo. Creer que es un medio artístico absolutamente muerto, obsoleto. Este pensamiento incluso lo encontramos, en importantes instituciones. Y esto es de un provincianismo lamentable, y si mucho me apuras, un fenómeno claramente barcelonés. Sería divertido descubrir cómo se ha llegado a este tipo de conclusiones. Pensar que la pintura catalana acaba con Tàpies es esperpéntico. Es una posición que nos está privando, como país, de tener una visión real, más compleja y rica del panorama creativo actual. Siguiendo el mismo razonamiento negacionista imperante, dentro de unos años, se podría considerar la fotografía como una práctica artística obsoleta, cuando lleguen, por ejemplo, en un futuro, las proyecciones virtuales

Ll.B.: Muy bien. ¿Quieres hablar de algo más, algún apunte, una reflexión?

V.V.: Déjame añadirte una felicitación personal por el trabajo que haces.

Ll.B.: ¡Ah! ¡Muchas gracias!

V.V.: Nos pusimos en contacto a través de la red. Creo que este trabajo tan interesante que estás haciendo, poner en contacto

Ll.B.: Diferentes elementos de la cultura del país.

V.V.: …diferentes elementos, sí. Lo encuentro muy creativo, la verdad. Considero que hacer esto, por sí mismo, ya es una práctica artística. Y entonces, pues, mi reconocimiento, en este sentido.

Ll.B.: ¡Muchas gracias!

Acabamos aquí. Yo con una sonrisa de oreja a oreja. Ha sido magnífico conocer a este creador catalán, con una trayectoria internacional, fuera, y también, en nuestra casa. Vicenç Viaplana me ha fascinado con su conversación sincera, sin rodeos. También por las reflexiones que ha hecho al repasar su trayectoria durante los años setenta, su papel en la pintura conceptual, la lucha y la búsqueda de nuevas formas expresivas, y a la vez, quiero resaltar el espíritu combativo hacia el orden institucional. Y añadir que esta capacidad tan auténtica y genuina, no es fruto del azar, sino de la reflexión, la experiencia, una madurez con la praxis del oficio y una agilidad interior que le permite soltar los procesos creativos hacia fuera. Y cuánto hay, pues lo hace a chorro… Es una gran lección. ¡Gracias, maestro!

Texto y fotografías: Lluís Bussé © 2014
Twitter: @lluisbusse
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